Esther Esteban – Más que palabras – La Obamamanía


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Esta vez sí. Las encuestas han dado en el clavo y se han cumplido los pronóstico: Barack Obama se ha convertido en el primer presidente negro de Estados Unidos. En el primer martes después del primer lunes del mes de noviembre, se desvanecieron viejos tabúes y se evaporaron algunos mitos. Me apunté a la «obamamanía» desde el minuto uno, mucho antes de que se supiera que, finalmente, iba a ser el candidato negro y no Hillary el demócrata aspirante a ocupar la Casa Blanca. Ha ganado mi candidato y por lo tanto estoy contenta, sobre todo porque se ha abierto un tiempo de cambio, de aire fresco y esperanza, que justamente se ha calificado de histórico. Me gusta la música me gusta la letra, pero además desearía que cuando se apaguen las luces, se hayan agotado los confeti y el champán, y se supere el adormecimiento propio de la euforia y los vientos de cambio se empiecen a notar.

Es cierto que se ha cumplido, y con creces, el sueño americano -que promete igualdad de oportunidades a cambio de esfuerzo y dedicación- y también el sueño que anheló hace 45 años el reverendo Martin Luther King -que soñaba para sus hijos un país donde no se juzgase a los hombres por su color sino por su valía- pero la pasión no nos puede quitar el conocimiento de impedirnos ver que estamos en tiempos confusos y convulsos donde las ideologías han dejado de ser una excusa para no afrontar la realidad. El presidente número 44 de los Estados Unidos de América tendrá que enfrentarse a la peor crisis económica y financiera vivida en ese país desde 1929, a la gestión de dos de sus malditas guerras, Irak y Afganistán, y a su deteriorada imagen internacional.

De Abraham Lincoln se ha dicho que fue un caso único de visionario idealista que sabia conjugar su idealismo con una inteligencia pragmática y estratégica. En ausencia de uno de estos rasgos América se hubiera roto y la esclavitud hubiera continuado en el sur. Lincoln no se adscribió a ninguna confesión religiosa pero, según cuentan, creía en la Provindecia entendida como un orden universal, una especie de calvinismo agnóstico. Durante sus años en la presidencia a medida que intentaba encontrar un sentido a la muerte de su hijo Billy y la tragedia de la guerra, terminó siendo uno de los presidentes mas religiosos -que no devotos- de la historia de ese país.

Hay cosas que nunca cambian independientemente de quienes sean los actores que las protagonizan y está claro que en la vida y en la política o te adaptas a los tiempo o despareces. Obama se ha adaptado y ha mirado sin miedo y con esperanza al futuro, cosa que no han hecho sus adversarios republicanos, aferrados al poder y anclados en el pasado y ¡claro! la fuerza del cambio les ha arrasado. No ha sido un tsunami pero si un profundo temblor con características de terremoto que ha despertado conciencias.

Esther Esteban

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