Andrés Aberasturi – El entusiasmo de Don José


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Escribe con gracia mi compañero Diego Armario que «cada vez que Don José Blanco abre la boca, sube el precio del pan. No sé yo si la cosa da para tanto, pero es cierto que el personaje tiene la virtud de irritar gratuitamente, de faltar a la verdad con verdadera afición y de cumplir, en fin, su papel que es un poco el de Alfonso Guerra cuando entonces. Lo malo es que Don José Blanco sólo esta en primero de Alfonso Guerra y me temo que a este paso no va a aprobar ni ese primer curso.

José Blanco es un tipo curioso y reconozco que lo sigo con la misma curiosidad y apasionamiento que un entomólogo observa un insecto nuevo y desconocido. Quede claro que es sólo una comparación literaria y no seré yo quien ose ni siquiera insinuar que el número dos del PSOE sea o se parezca a un insecto. Ni mucho menos. Junto a ZP -y ojalá que algunas veces a su pesar, al pesar de ZP- José Blanco dice cosas verdaderamente peregrinas y nos presenta siempre al Presidente del Gobierno como la mente más preclara de este Siglo confuso, como el político del milenio, el único capaz de cambiar el orden mundial y hasta el sistema económico global desde su humilde aunque merecida y honrosa silla prestada por Sarko en el G-20.

¿Pero por qué cuando las cosas parece que van algo mejor entre Gobierno y oposición, se empeña don José en poner no ya chinitas en ese camino sino auténticos pedruscos? ¿Es vocación, convicción, interpretación de su papel, pura rutina? El artículo de Diego Armario iba sobre la extraña concepción del «patriotismo» -esa cosa- del secretario general socialista que, una vez más, acusa a Rajoy y al PP de no felicitar a Zapatero por el éxito de lo de Washington. Al margen de patrióticas polémicas, a quien habría que felicitar, digo yo, es a Sarko y en todo caso a Bush y por extensión a la situación económica española que, desgraciadamente, no es obra única de ZP sino que viene de lejos.

Pero todo eso es lo de menos. Ya está España en la cumbre y, como decía Felipe Sahagún ¿ahora, qué? Porque la foto es lo de menos, seamos serios, y pese a que muchos critiquen a los que dijimos que una cierta dignidad no estaba de más, ahora que ya hay silla, ¿qué? Pues conociendo al personaje, pueden ocurrir dos cosas: o nada o demasiado. Quiero decir que o España se adhiere a lo que ya resulta evidente y anunció el propio Sarkozy de mayor control, seguridad etc. que será la postura europea (y de todos) o bien sale por algo tan literario como las famosa «Alianza de las Civilizaciones», hermoso titular difícilmente realizable, como a la vista está.

Pero don José Blanco nos pide entusiasmo por la presencia de España. Pues nada, nos entusiasmamos aunque no sepamos muy bien por qué: ni creo que España tenga mucho que decir ni creo que la famosa reunión sea otra cosa que apretar un poco el cinto de la situación financiera. Pues vale; pero qué difícil es entusiasmarse con algo tan prosaico y evidente.

Andrés Aberasturi.

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