Antonio Casado – Una silla para España


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Zapatero recibió una llamada del presidente electo de EE. UU., Barack Obama, mientras que Bush, presidente en fase terminal, concertaba con Sarkozy la presencia de España en la cita reconstituyente del 15 de noviembre en Washington. Todo ello con el apoyo del premier británico, Gordon Brown, y el presidente del G-20, Lula da Silva, presidente a su vez de Brasil. No está mal como paso adelante en la campaña de Zapatero «España también existe».

Rajoy lo celebra, aunque advierte de que esto ha sido cosa de Sarkozy y Bush, no de Castro y Chavez. Una manera de no apearse del todo de esa forzada relación entre el portazo a España, que finalmente no se ha producido, y una política exterior errática y bananera. Por su parte, Zapatero sostiene que es el mayor éxito de la diplomacia española en décadas. Pues ni lo uno ni lo otro.

Zapatero, que aprovecha estas vísperas para concertar la posición española en la reunión con los agentes sociales y con el líder de la oposición política, debe recordar que estaremos de prestado. No tanto de Francia como de la UE, aunque en ningún caso podemos hablar de de servidumbre. Por aquello de que vamos en el mismo barco.

Además, así como la justificación material de la presencia de España en la cita del 15-N es razonable (nuestro peso como octava potencia), no se puede decir lo mismo de la justificación formal, un tanto confusa. Al menos si nos atenemos al telegrama de la presidencia semestral (Francia) a las 27 cancillerías de la UE, donde se explica que tradicionalmente Europa ha tenido cinco puestos en el G-20. Uno de los cinco lo ocupará España en esta ocasión y se sumará el presidente de la Comisión, Durao Barroso. Como coartada es muy forzada.

Forzada o no, es buena noticia. Y deberían de avergonzarse quienes han estado denunciando que Zapatero mendigaba un puesto en Washington sabiendo que allí no le quieren y por eso nunca le iban a admitir. Pues no parece que Bush le haya hecho ascos. Probablemente porque el supuesto memorial de agravios de Zapatero a EE. UU. era en realidad un memorial de frustraciones de quienes guardan la foto de las Azores en el altar de su casa. Un memorial con agujero negro -el 14-M de 2004-, que suele aflorar en términos denigratorios hacia el actual presidente del Gobierno.

Las imprudentes descalificaciones personales que Zapatero ha recibido por intentar que a España le guardasen una silla en la cumbre del 15 de noviembre, ha sido la última expresión -la más reciente, quiero decir- de aquel masivo ataque de contrariedad sufrido por la derecha española, del que aún no se ha recuperado el aznarismo, la parte tóxica del PP de Mariano Rajoy.

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