Carlos Carnicero – Obama y Guantánamo


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Cerrar el centro de torturas de Guantánamo es una de las promesas electorales más simbólicas de Barack Obama que incluso estuvo compartida por el candidato republicano John McCain. Los asesores del recién elegido presidente han anunciado que su equipo está estudiando la forma de hacer el traslado de los presos desde la base militar en territorio cubano a Estados Unidos de la forma más rápida posible. El tema plantea problemas porque se trata de construir un universo legal y legítimo para unos prisioneros secuestrados al margen del sistema jurídico norteamericano. Pero será el retorno a la legalidad.

Los símbolos en política son casi tan importantes como los hechos. Barack Obama tiene necesidad de demostrar que el compromiso contraído de cambio va a ser ejecutado al margen del choque con la realidad que se supone sufrirá cuando asuma los mandos del despacho oval. La situación de Guantánamo es un icono de la era Bush. Un centro de detención donde se ha practicado la tortura ante los ojos del mundo que ha tenido que soportar que el país más poderoso de la tierra, empeñado siempre en dar lecciones de democracia y respeto a los derechos humanos, hiciera ostentación de todo lo contrario con la excusa de la seguridad nacional.

La guerra contra el terrorismo no puede desarrollarse ni ética ni eficazmente sin la legitimidad que proporciona la sujeción al respeto de los derechos humanos. Lanzar rápidamente el mensaje de que en estos parámetros las cosas van a cambiar ahora mismo es la mejor forma de frenar el caldo de cultivo del integrismo musulmán.

Hay otras piezas fundamentales en ese código de comunicación con el mundo que necesita emplear el presidente Obama. Los bombardeos norteamericanos en Afganistán e incluso en territorio paquistaní están causando cientos de muertos civiles que se bautizan con eufemismo insoportable como «daños colaterales». Esa forma de hacer la guerra es dificulta enormemente un mayor compromiso internacional en Afganistán. Barack Obama tiene delante de sí mismo una forma instantánea de dar credibilidad al cumplimiento de sus promesas.

Carlos Carnicero.

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