Consuelo Sánchez-Vicente – Que hablen (por lo menos)


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Palo si bogas, y palo si no bogas. Es el sino de la oposición. Si colaboras con el gobierno, te acusan de debilidad, si no lo haces de buscar el bien partidario en vez del bien común recurriendo a la confrontación para pescar votos sembrando la desconfianza en el gobierno. Entre estos dos males, Mariano Rajoy parece haber elegido el primero; y yo creo que hace bien. La tarea constitucional de la oposición es fiscalizar al gobierno y exigirle cuentas en tiempo real de su gestión, presentando alternativas creíbles a cada crítica, y eso es lo que debe hacer, desde mi punto de vista, en situaciones normales. Pero en tiempos tan difíciles como lo que estamos viviendo, lo que le faltaba a esta crisis, es, en mi opinión, que el líder de la oposición actuase «a degüello».

Hablamos de la crisis como si fuera un todo, pero los españoles en realidad tenemos dos crisis, una internacional y otra doméstica, la primera a la espera de soluciones internacionales y la otra, la nuestra, a la espera de que el gobierno tenga a bien hacer algo. Y las medidas del PSOE y del PP sobre este aspecto concreto de la cuestión, sobre «nuestra crisis», se parecen, en mi opinión, lo que el agua y el aceite. El gobierno gastar más de lo que ingresa, el PP austeridad, el gobierno recurrir al déficit público, el PP evitarlo a toda costa, el gobierno no tocar el despido, el PP flexibilizarlo, el gobierno mantener los impuestos, el PP bajarlos… Pero que Rajoy está obligado a acudir a cada reunión que le convoque el presidente del Gobierno me parece innegable, y tacharle de «pastelero» por ello, injusto.

Tal vez sea iluso esperar que se entiendan, pero solo lo que ni siquiera se intenta puede darse por perdido. La democracia moderna es un régimen de opinión pública, y la imagen la «reina» de esa «fiesta». No digo yo que a mi me guste, digo que esto es así. La foto de Zapatero y Rajoy juntos no basta, pero puede ayudar a transmitir algo de tranquilidad en un momento en que la crisis económica esta al borde de provocar una crisis política por las graves consecuencias sociales que entraña la galopada del paro. No es fácil que alcancen puntos de encuentro, pero los dos tienen la responsabilidad de intentarlo. Y si ni siquiera se ven, difícilmente podrán intentar encontrarlos.

Consuelo Sánchez-Vicente.

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