Francisco Muro de Iscar – La política y Dios


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Obama no estará en la cumbre económica de los líderes mundiales ni mantendrá ninguna reunión con ellos al margen de la reunión. «Estados Unidos sólo tiene un presidente», aunque sea George Bush, ha venido a decir el futuro presidente y cada uno debe jugar a lo que le toca. Es seguro que Bush no va a dar ya ningún paso que no haya consensuado con Obama y, sin duda, los asesores de uno y otro andarán analizando juntos las ideas, análisis, propuestas y deberes que van a llevar a la reunión de los grandes líderes, Zapatero incluido. ¿Estamos haciendo aquí algo de eso? La sensación es que las reuniones de La Moncloa son más marketing -en Zapatero casi todo es marketing y cortoplazo- que debates. Está bien que Zapatero cite a los banqueros, a los sindicatos, a la patronal e, incluso, a Rajoy, pero quien está preparando los papeles que va a llevar a Washington es Caldera, el desaparecido al que encargó montar una macrofundación anti-FAES de la que no se ha vuelto a saber nada. En el trabajo de verdad, en las propuestas para allí y para aquí, cada uno va por libre.

Las diferencias entre Obama-Bush o entre Obama-McCain, de un lado y Zapatero-Rajoy, de otro, son muchas, pero una de ellas, sin duda, es la capacidad de republicanos y demócratas, una vez pasadas las elecciones, de trabajar juntos por el conjunto del país o, al menos, de no enfrentar permanentemente a medio país contra el otro medio.

Hay muchas más y un par de ellas me han llamado la atención. ¿Se imaginan ustedes a Zapatero o Rajoy haciendo un discurso programático, serio, profundo, con ideas, en el Parlamento o fuera de él… sin leerlo? ¿Se imaginan ustedes, incluso, a Zapatero o Rajoy haciendo una réplica sin papeles? Pues eso es lo que hicieron espléndidamente Obama y McCain tras conocer el resultado de las urnas. No un discurso de aliño, sino un discurso para la historia.

Otra de las diferencias entre las políticas de Estados Unidos y España es que los políticos del país más avanzado del mundo, progresistas o conservadores, demócratas o republicanos, no tienen miedo a citar a Dios. «Libres al fin. Gracias al Dios omnipotente somos libres al fin», decía Martin Luther King en su famoso discurso de 1963. El duro McCain, el «peligroso McCain» no sólo tuvo un ejemplar discurso de aceptación de la derrota sino que pidió «que Dios acompañe a mi presidente». El «revolucionario» Barack Obama, el que piensa cerrar -ya era hora- Guantánamo y, espero, dar un juicio justo y una reparación a tantas violaciones de los derechos humanos, terminaba su discurso de victoria con estas palabras: «Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América». Falta les va a hacer a uno y a otros. Pero si aquí -ya ven la que se ha montado con las declaraciones de la Reina- Zapatero -perdón, es imposible- o Rajoy -improbable- terminaran así uno de sus discursos, algunos apostatarían de la política. Cuestión de valores.

Francisco Muro de Iscar.

francisco.muro@planalfa.es

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