Fermín Bocos – El resentimiento


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

El resentimiento es uno de los motores de la actividad humana.El impacto sobre la vida cotidiana es elevado.En el trabajo,en el seno de las organizaciomns jerarquizadas, incluso en el comportamiento al volante, se detectan acciones dictadas por el resentimiento. Hay quien no perdona a los demás su propio fracaso en la vida o quien culpa al mundo de desgracias imputables a su falta de capacidad o a su pereza a la hora de superar los obstáculos. Me viene esta idea a la cabeza al repasar la biografia del sanguinario jefe de la ETA detenido en Francia.

El tal «Txeroki», camarero ocasional, inició su triste carrera criminal matando a un magistrado,el juez José María Lidón.Paa ser juez se necesitan no menos de diez años de estudio, diez años de sacrificio y renuncias en los mejores años de la vida para sacar adelante, primero la carrera de Derecho y para aprobar, después ,las oposiciones. Con los planes de becas y ayudas a la enseñanza de los que, afortunadamente, disponen hoy en día los jóvenes españoles, cualquiera que se proponga puede lleagr a ser jez. Eso sí: hay que renunciar al botellón y cambiarlo por horas y horas estudio. Miles de horas. Nadie puede saber lo que pasa por la mente de un terrorista, de un asesino, pero, como digo, tengo para mí que el tal «Txeroki» -cuyo expediente escolar solo registra alzas en la llamada «kale borroka»-, actuó impulsado por el resentimiento. Asesinando a un ciudadano respetable cumplía su venganza de clase.

Lo volvió a intentar después, participando en el atentado con bomba que cizalló una pierna de Eduardo Madina, el joven que cuando sufrió el atentado era el jefe de las Juventudes Socialistas del País Vasco. Para el tal «Txeroki», debía resultar insoportable que alguien de su misma edad hubiera encontrado ya un sitio honorable en el entramado social. Su resentimiento no pudo soportarlo. Por eso quiso acabar con su vida. El resto: los «mantras» independentistas no son más que palabrería para consumo de mentes gentes ofuscadas o amedrentadas. Ya digo, el verdadero motor de tantos crímenes hay que buscarlo en el resentimiento de quienes desgracian su vida y culpan a los demás.

Fermín Bocos.

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