Rafael Torres – Al margen – Zapatero, el homeópata


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

Hace pocos meses, cuando Rodríguez Zapatero aún negaba la existencia de crisis alguna, el presidente recetó a los españoles que consumieran más para conjurar las pequeñas molestias de la «desaceleración», pero eso debió ser porque nadie de su entorno le había señalado que cuanto sucedía tenía su origen en el hecho de haber consumido más de la cuenta precisamente.

Ahora, cuando el hombre ya parecía haber admitido la realidad, le ha dado por los coches, porque la gente se líe a comprar coches, pero es que se ve que tampoco nadie en esta ocasión le ha dicho que la gente no sabe qué hacer con los dos o tres que, por unidad familiar, tiene. Los conversos, y Zapatero lo es al capitalismo en grado sumo, es lo que tienen, un furor y un fervor que parece obnubilarles la inteligencia.

Ese tratamiento homeopático a lo bestia que propone el gobierno contra la crisis, esto es, la inoculación sin medida al cuerpo social de los mismos virus y morbos que le han enfermado, tiene en otra de sus medidas, la de atizar un dineral a los Ayuntamientos para que generen empleo, su expresión más delirante, pero es que tampoco ha debido decirle nadie que en las corporaciones locales, en el uso que muchas de ellas han hecho de la riqueza nacional puesta en sus manos, se halla otra de las causas principales de la actual insania económica. Cientos de alcaldes y concejales imputados y procesados por delitos de robo a la ciudadanía, más otros cientos o miles no descubiertos ni castigados por la Ley, no avalan a los Ayuntamientos como instituciones ideales para resignar en ellas los dineros contra el paro, y eso por no mencionar la extendida práctica caciquil de otorgar obras, empleo, subvenciones y ayudas casi exclusivamente a los amigos o a los afectos al partido de turno. ¿No podría la Administración Central, es decir, el Estado, gestionar la creación general de empleo? ¿O es que, por ventura, podría pasar lo mismo?

Rafael Torres.

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