Antonio Casado – Botes de humo


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

El diputado de ERC, Joan Tardá, es un bocazas. Su imagen física recuerda a un Harpo Marx envejecido con el photoshop. Si la mimetización fuese completa, Tardá debería ser también mudo y entonces no hubiera perdido la ocasión de callarse cuando gritó lo de «Muera el Borbón». Ahora recoge velas y se explaya sobre el carácter retórico de su soflama antimonárquica, mientras otros discutimos la posible relevancia penal del asunto.

A Tardá le ha echado un cable el mismísimo presidente del Congreso. Lógico. A don José Bono le aterra la escenificación de un suplicatorio (se trata de un aforado) para llevar el caso al Tribunal Supremo, en el caso de que la Fiscalía actuase en aplicación del Código Penal. Por eso se ha mostrado muy comprensivo con el exceso verbal del diputado. También se entiende, si recordamos que al propio Bono le patinaron las neuronas ante un micrófono indiscreto cuando habló de los «hijos de puta» del propio partido o cuando calificó a Tony Blair de «gilipollas integral».

Por tanto, patinazo de neuronas en el puente de la Constitución, disculpado por el presidente de la Cámara. Dice Bono que Tardá es buena gente aunque un poco primario, aunque otros colegas del stablishment se han rasgado las vestiduras. No muchos, esa es la verdad, seguramente frenados ante las explicaciones posteriores de Tardá. Algo parecido a la marcha atrás. Sostiene el desdichado que lo de «muerte al borbón» no va por don Juan Carlos sino por Felipe V, primer firmante del famoso decreto de Nueva Planta (1716), considerado por el nacionalismo como la abominable abducción de Cataluña por Castilla.

La insistencia de Tardá en descargar su desahogo mitinero del llamado «animus injuriandis» -condición técnica para la existencia del delito de injurias- y el convencimiento de que Tardá no piensa lo que dice respecto a la literalidad de la soflama, no permite adentrarse en absurdas extrapolaciones. Estamos ante otro calentón de boca. Será un fogonazo tan efímero como el «bobo solemne» de Rajoy contra Zapatero, el discurso «coñazo» de Aznar ante el Parlamento Europeo, el sambenito de «gilipollas integral» que Bono le colocó a Blair o los «tontos de los cojones» que votan a la derecha para que rabie el alcalde de Getafe. Suma y sigue. La tocata y fuga de Esperanza Aguirre en Bombay. La cúpula de Barceló. Las tumbas de la guerra civil, etc.

Armas de distracción masiva, que diría Christian Salmon (doctrina «Storytelling»). Nosotros, a escala nacional, vamos a llamarlo simplemente «Botes de humo». En la humareda desaparecen la tragedia del terrorismo vasco, el drama del paro y los indicadores de la crisis -hoy peor que ayer pero mejor que mañana-, mientras miramos los fuegos artificiales.

Antonio Casado

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