Fermín Bocos – Impresentables


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

La melancolía se instala en el ánimo de observador de la cosa pública cuando observa la ingente cantidad de tiempo y energía que desperdician los políticos españoles en descalificar la obra de sus adversarios. Hablo de desperdicio porque para todo hay una medida. Destrozar al contrario, no proponer soluciones alternativas, es lo que se lleva entre los políticos. De la crónica de éstos días tomo dos ejemplos. Javier Arenas acusa al presidente Zapatero: barrunta -dice-, que quiere volver a negociar con la ETA.

El Gobierno lo niega y recuerda que acaba de ser detenido «Txeroki», el terrorista que pasa por ser el jefe de los pistoleros de la banda. El propio Mariano Rajoy (todavía presidente del PP), contradice a Javier Arenas y dice públicamente que el Gobierno ha rectificado la estrategia que desplegó durante la anterior legislatura. Arenas no se da por enterado o finge ignorar lo dicho por Rajoy. Ignora a Rajoy en la misma medida en la que ha olvidado el papel-papelón, -sería más exacto-, que él y los suyos hicieron cuando el monstruoso atentado del 11 M; cuando se empeñaron en que había sido obra de la ETA… pese al cerro de indicios que apuntaban la pista islamista. Arenas tiene mala memoria, pero es lenguaraz. Casi tanto como su paisana, la ministra de Fomento, Magdalena Alvarez quien estos días pretende justificar lo injustificable: ocultar el hundimiento de un túnel en contrucción en la vía del AVE Madrid-Valencia.

Alvarez olvida el pollo que desde el PSOE le montaron a su antecesor en el cargo (Älvarez Cascos) cuando otra vía en construcción,la del AVE a Barcelona, a su paso por la provincia de Zaragoza topó con la famosa dolina. A Cascos le llovieron piedras. Entre otras las que lanzaba Zapatero. Si no estuviéra en puerta la Navidad, habría que preguntarnos qué hemos hecho los españoles para merecer éstos políticos … y obrar en consecuencia. Melancolía, como digo, es la palabra.

Fermín Bocos.

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