Consuelo Sánchez-Vicente – Que se callen (por lo menos)


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Miguel Martín, presidente de la patronal de los bancos (AEB) que hasta hace nada nos perseguían para darnos un crédito, dice ahora que «es la economía real la que pone en riesgo a la banca», es decir, ustedes y yo, y que si la economía real -otra vez ustedes y yo- no se hunde aun más es «porque la banca es capaz de sostener la posición (deudora) de España en el Mundo». ¡Que arrogancia! Convertir a la banca en víctima propiciatoria de la frustración y el desconcierto que nos produce esta crisis es injusto e irreal; pero de ahí a que se presente a sí misma como víctima del mal causado, media un abismo

Los bancos, en mi opinión, han sido la pólvora y la mecha de la explosión del sistema, y la yesca, un determinado modelo de sociedad, nuestro modelo de sociedad, en el que todo lo que no fuera prosperidad sin límites parecía en desuso. En disculpa de la banca hay que decir que es verdad que todos somos mayorcitos y que quien se entrampó en un crédito-trampa sin deber y sin poder lo hizo voluntariamente. Pero que «el huevo», la banca, culpe a «la gallina», la gente, de «la tortilla», y se presente encima como salvador de la Patria cuando en realidad es el salvado por el gobierno, a costa de los impuestos de los ciudadanos de hoy y de la deuda que deberán pagar los ciudadanos de mañana, conviene recordarlo… es una desvergüenza.

La torta monumental que nos estamos pegando no es culpa, como pretende la AEB, de la economía real, sino de la orgía de pirámides especulativas e inversiones suicidas en la se ha embarcado el sistema financiero internacional a la búsqueda del mayor beneficio de las instituciones bancarias -del que a la gente corriente han llegado solo las migajas, suculentas pero migajas- y de los «bonus» archimillonarios con que se autoretribuían los verdaderos amos de este festín: sus altos ejecutivos. Lo que está haciendo la economía real a través de los gobiernos es tirar del dinero y de la deuda pública para garantizar la liquidez de los bancos, también a los nuestros. Pero el problema, al parecer, no es de liquidez sino de solvencia. Aun no sabemos cuanta basura queda en las sentinas de los bancos, eso es lo que está alargando y agravando la crisis según los expertos. Hasta que lo sepamos no podremos calibrar la profundidad del mal ni acertar con el remedio. Y la sequía de créditos seguirá cuajando las colas del paro de familias desesperadas y de empresas en quiebra que hasta hace nada era solventes y ya no lo son porque el mismo banco que cuando no llovía les perseguía para regalarles un paraguas ahora que diluvia se niega incluso a vendérselo.

Consuelo Sánchez-Vicente.

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