José Cavero – Contra las cuerdas


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

El símil del boxeador noqueado y sudoroso empujado contra las cuerdas del ring viene a la memoria estos días, cuando se contempla el rostro envejecido de Zapatero, que con toda certeza jamás había llegado a suponer que llegaría a estar en tales aprietos, entre las cifras del paro y sus previsiones de futuro próximo y las complicaciones que le ofrecen los bancos a los que en otro momento, aún reciente, dio su apoyo y puso como ejemplo de bien hacer y de solvencia.

Algunas de las más recientes apariciones en escena, en los telediarios por ejemplo, del presidente Zapatero, nos han dado esa imagen de persona abatida y que se esfuerza, sin embargo, y pese a todo, por mostrarse optimista porque «saldremos adelante» y lo haremos en mejor situación de la que teníamos al entrar en el túnel de una crisis prolongada y durísima. Zapatero es probable que tenga sobre sí la presión de los seis mil seiscientos parados nuevos de cada día, y el drama personal y familiar que cada uno de ellos lleva consigo.

Frente a él, Mariano Rajoy aparece mucho más relajado, aunque posiblemente nada feliz. Tiene, de un lado, un lío interior, el del presunto espionaje efectuado en la Comunidad de Madrid, que le ha venido deteriorando, más si cabe, su imagen de líder eficaz y que impone criterios y conductas. Y tiene, asimismo, dos citas electorales por delante, el primero de marzo, en las que puede volver a perder, y con ello, volvería a ver en entredicho su propia condición.

Es decir, que las condiciones teóricamente más favorables que le ofrece un gobierno debilitado y gastado, no se ve con fuerzas para aprovecharlas en favor propio. Rajoy y los suyos, Sáenz de Santamaría en particular, siguen atacando sin piedad la política de su adversario político. Rajoy no duda en hablar de situación de emergencia nacional. La portavoz en el Congreso no pierde ocasión para dirigirle reproches constantes y feroces. Les parece mal lo que se ha hecho, las previsiones y diagnóstico, los sucesivos paquetes de medidas adoptadas y su coste para el futuro, y les parece aún peor lo que pudo haberse hecho y no se hizo…

Por si faltara algo, tampoco termina de arrancar la eficacia que se espera de los planes similares de otros países: se han producido los primeros errores de Obama en la designación de sus colaboradores más próximos, y su plan de rescate no termina de verse aprobado, y mucho menos de ponerse en funcionamiento. Y tampoco se ve luz de éxito en las economías de la zona: Gordon Brown y Berlusconi se ven «apretados» en la calle por movimientos proteccionistas y contra los inmigrantes, de quienes sospechan que les quitan puesto de trabajo. También Sarkozy ha sufrido ya un primer pulso en la calle. Las importantes inyecciones de dinero de la canciller Merkel tampoco terminan de resultar efectivas, cuando menos hasta el momento. Pero en cada uno de estos países, a diferencia de lo que sucede en España, sus dramas personales de parados por causa de la crisis no han disparado la cifra de los sin empleo, máximo exponente de la situación de crisis insuperable.

¿Qué más puede hacerse? Probablemente es la cuestión que Zapatero hace a diario a Solbes y a otros compañeros del Gabinete. Ojalá pudiera compartir las mismas preocupaciones con sus adversarios políticos, pero ve imposible cualquier diálogo y muchos menos entendimiento…

José Cavero.

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