Agustín Jiménez – Pugna por un sudario


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Cada mes, Francia pierde 50.000 empleos. En diciembre, Estados Unidos perdió más de medio millón de puestos de trabajo y España, según citó Sarkozy en televisión, 300.000. En el mismo mes, la producción de automóviles de Italia cayó casi a la mitad. Peor les van las cosas a los países productores de petróleo, que en algunos casos han visto sus ingresos disminuir en un 75%. Sólo las casas de hamburguesas, las compañías de parloteo telefónico y, vergonzosamente, los grandes bancos españoles, siguen viento en popa en medio de una crisis de confianza que un político inglés considera peor que la de 1929. De nada de esto se ha enterado Eluana Englaro, la italiana que, desde hacía 18 años, se encontraba en coma. Unos noticiarios se refieren a ella como «muchacha», otros como «mujer». ¿Se pasa de niña a mujer en un estado vegetativo?

Tenía razón el editorial de ABC, plagiado por «La Razón». La muerte de Eluana no representaba una liberación para la muchacha/mujer sino para sus familiares. Pero el derecho, discutible, de los familiares no se ha debatido, ni en España ni en Italia. Lo que se ha ha encendido pasiones, por una y otra parte, es el derecho o la imposibilidad de la eutanasia. Y el tardío gesto de Berlusconi de intentar un golpe de estado en el momento de más efecto. ¿Por qué la precipitación de cambiar la ley en las últimas horas si la situación duraba 18 años? Al día siguiente de consumarse la muerte de Eluana, «La Repubblica» ha publicado un manifiesto de los habituales intelectuales firmantes (Magris, Eco, …), encabezado por una cita de Nobbio en defensa de la legalidad ciudadana. En otros países, los agoreros predicen el resurgimiento de los fascismos, que en Italia están a la vista. Más espiritual que la media, el pastor de la diócesis de Trieste ha exhortado a «la oración y el silencio».

Pero nadie imagina a Berlusconi callado. Nadie imagina a los obispos callados ahora que el representante de una administración corrupta, xenófoba y chulesca les ha probado que se pueden obtener beneficios rápidos dando pábulo a las pasiones populares. La Iglesia, acostumbrada a escribir recto con renglones torcidos, ha elogiado el coraje («il coraggio») del cavaliere. Este, notorio dechado de valores cívicos y morales, ha aprovechado las fuerzas del mercado disponibles. Dos proyectos distintos se unen por un interés común: el poder y el dinero. La capacidad de administrar la vida eterna y de realojar a las difuntos en las urbanizaciones celestiales permite unos réditos inmensos, sobre todo en época de crisis. Las personas no pueden disponer de su capital vital. La vida pertenece a Dios y Dios es propiedad de los obispos. Madoff es un pardillo como gestor de valores tóxicos.

El derecho a decidir sobre la propia vida hay que planteárselo a la misericordia divina. Ni Berlusconi representa la civilización ni los obispos exhiben un palmarés recomendable en defensa de la dignidad humana ni de los valores colectivos. Una vez asentado esto, debemos reflexionar intensamente y, como sugiere el prelado de Trieste, rezar. Seguro que en algún sitio hay un dios compasivo con el dolor, la zozobra y el terror de la noche. En algún momento del proceso, la pobre Eluana ha muerto. Pronto la enterrarán.

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