Carlos Carnicero – ¡Váyase señora Aguirre¡


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

El cerco sobre la presidenta de la Comunidad de Madrid se va haciendo cada vez más estrecho y le queda poco margen de maniobra. La coincidencia en el tiempo de la crisis de Caja Madrid, el escándalo de los espías y la explosión judicial de los casos de corrupción -muchos de ellos en el entorno político cercano de Esperanza Aguirre- han disuelto la imagen de fortaleza que tenía hasta hace tan solo unas semanas para convertirla en candidata al desguace político. La tragedia que tiene que vivir en este momento Esperanza Aguirre es de un inmenso calado porque su sueño era la presidencia del PP y la del Gobierno de España: con los antecedentes que se van conociendo, ese sueño es ahora mismo una pesadilla.

La investigación caligráfica llevada a cabo por el diario «El País» sobre las acotaciones realizadas a mano en los informes de espionaje es difícil de soslayar desde el punto de vista judicial. Y una cosa es una investigación judicial y otra una comisión parlamentaria adobada al gusto del partido en el poder. Las primeras dimisiones producidas en el entorno de la presidenta de Madrid no serán las últimas. Y da la sensación de que la caída del dominó encadenado puede producirse en los próximos días sin que ni Mariano Rajoy ni Esperanza Aguirre tenga recursos para detenerla.

En las hemerotecas resuenan los gritos parlamentarios de José María Aznar cuando le exigía a Felipe González: «¡Váyase, señor González¡» El escenario que se está dibujando en el entorno de corrupción cercano al Partido Popular tiene todo el aspecto de que irá creciendo en la medida que los imputados quiebren su resistencia y no se resignen a ser cabezas de turco de una organización delictiva que parece estar bien ramificada y bien estructurada. Unas noches de cárcel para personas acostumbradas a coches de doce cilindros no deben ser un bálsamo de resistencia frente a los interrogatorios del juez Garzón. En el argot se dice que las celdas «ablandan». Es posible que Esperanza Aguirre y el propio Mariano Rajoy sobrevivan a escándalos encadenados de estas dimensiones. El sentido común indica que es el momento de una inmensa catarsis de donde nazca un partido conservador, moderno, europeo, democrático capaz de ocupar el centro político y de llegar a ser alternativa de gobierno con expectativas razonables.

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