Cayetano González – Cuestión de higiene democrática


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

El «contubernio» cinegético del Ministro de Justicia con el juez de la Audiencia Nacional que instruye un sumario sobre posibles delitos de corrupción que afectan al PP, y en el que al parecer también tomó parte en algún momento el jefe de la Policía Judicial que investiga esa supuesta trama de corrupción, es de los episodios mas graves, mas obscenos de nuestra reciente historia. En democracia tan importante son las formas como los contenidos.

Este episodio tiene que tener consecuencias políticas en forma de dimisiones en el caso de los cargos políticos, -y si los interesados no se van, deben ser cesados por quien les nombró- y de expedientes de investigación por parte del Consejo General del Poder Judicial en el caso de un juez que aparte de tener un ego absolutamente disparado, ha dado muestras mas que sobradas de actuaciones caprichosas y sectarias a lo largo de su controvertida y sinuosa carrera político/judicial.

Hace unas semanas vivimos con cierta envidia el proceso de traspaso de poderes en Estados Unidos y el cuidado hasta el mínimo detalle de la liturgia en la toma de posesión del nuevo Presidente. Toda una lección práctica de cómo se deben de hacer las cosas en una democracia fuerte y madura. ¿Alguien tiene alguna duda de cual hubiera sido la reacción inmediata del Presidente Obama si los medios de comunicación de Estados Unidos hubieran descubierto que su Secretario de Justicia ha pasado un fin de semana, pongo por caso, en el Parque Natural de Yosemite en el Estado de California con un juez de la Corte Suprema que está instruyendo un caso de posible corrupción que afecta al Partido Republicano?

Por eso, la reacción del PP anunciando que rompe toda relación y diálogo con el actual Ministro de Justicia y que va a recusar al juez Garzón está plenamente justificada. No es un ataque al Estado de Derecho y a sus Instituciones como desde las filas socialistas se ha querido hacer ver. No, es simplemente un ejercicio de autodefensa y autoprotección ante lo que constituye un auténtico escándalo y que deja en entredicho la supuesta neutralidad del Gobierno y del PSOE en el destape de esta presunta trama corrupta que afectaría al PP.

Esta exigencia de que se depuren hasta el final todas las responsabilidades políticas del «contubernio» cinegético es absolutamente compatible con la petición de que también se llegue hasta el fondo en la investigación de esa trama. Si alguien del PP o próximo a este partido ha metido la mano en la caja, se ha servido de su cargo o de sus contactos para cometer delitos como el de tráfico de influencias o cohecho, que lo pague, tanto penal como políticamente.

Pero lo que no es tolerable es que desde algunos poderes del Estado se abra una causa general contra un partido político, en este caso el PP, en el que la inmensa mayoría de sus dirigentes y militantes son gente honrada. La depuración de responsabilidades en ambos casos -en el de la cacería y en el de la supuesta trama de corrupción- es algo que viene exigido por la propia salud de nuestra democracia.

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