Fernando Jáuregui – Mítines, monterías y tonterías


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Desde luego, no me negarán ustedes que comienzan oficialmente dos campañas electorales, la vasca y la gallega, en medio de una agitación muy poco propicia para la reflexión serena y el voto consciente. Menudas semanitas nos esperan.

Para empezar, coincide este pistoletazo (oficial, repito) de salida con la noticia de que España entra oficialmente en recesión. O sea, una ración de pesimismo generalizado. Y, por si fuera poco, coincide con el mayor momento de crispación política desde los peores momentos de tensión de la pasada legislatura: la fotografía de Rajoy saliendo, al frente de su comité ejecutivo, a declarar la guerra al fiscal general del Estado, al ministro de Justicia (y al gobierno de ZP, por extensión) y al juez Garzón, ha resultado sin duda algo inédito.

Temo que no comparto las dosis de escándalo mostradas por el PP ante la «cacería» que reunió al ministro de Justicia y al juez instructor de un caso embarazoso para el PP y, por tanto, me parece que el partido de la oposición ha exagerado la nota convirtiendo una estupidez en una conspiración; pero es bien cierto que la mujer del César debe parecer honrada además de serlo, y no deja de ser una solemne tontería haber hecho posible este encuentro entre el Ejecutivo y el judicial. No quiero hacer juicios de intenciones respecto a lo que los señores Fernández Bermejo y Garzón pudiesen o no haber hablado en la montería famosa: pero sí digo que, desde el punto de vista de la estética política, el encuentro en los montes deja mucho que desear. Y, por mi parte, aquí me detengo en mis valoraciones, porque siempre me han parecido peligrosas y quién sabe si injustas esas teorías de la conspiración que van más allá de la realidad constatable; sobre todo, cuando se pone en tela de juicio el funcionamiento de las instituciones.

No estoy del todo seguro, de cualquier forma, de que este arranque de Rajoy haya disipado las noticias, rumores y dossieres que circulan sobre los dislates del PP en Madrid, y no sólo en Madrid, ni me consta que la imagen, algo maltrecha, del líder de la oposición se haya beneficiado de este «puñetazo sobre la mesa». Pero sí estoy seguro de que tampoco le ha perjudicado salir de su actitud sesteante. A ver ahora cómo influyen los últimos acontecimientos -desde el espionaje y los escándalos urbanísticos hasta el vídeo de este Rajoy tonante– en las intenciones de voto al PP en Galicia y el País Vasco, que sin duda influirán.

¿Debe estar supeditado el futuro político de Rajoy a los resultados de estas dos elecciones? Los sondeos indican que estos resultados pueden, en el fondo, no ser tan malos, aunque, en la encuesta del CIS, para colmo pirateada por unos hackers -no, eso tampoco había ocurrido nunca hasta ahora–, el presidente del PP sale mucho peor valorado que su partido. En todo caso, creo que sería absurdo, cuando hay un patente vacío de posibles sucesores, propiciar ahora un cambio. Porque ¿quién sería el hombre, o la mujer, para reemplazar a Rajoy?

¿Ruiz Gallardón? Quizá haya salido tocado del culebrón madrileño y ya no sea el más idóneo, por mucho que Aznar lo apoye. ¿Rato? Dicen que no quiere ni oír hablar del tema. ¿Por qué, entonces, quitar a Rajoy si no existe, hoy por hoy, el mirlo blanco que asegure una victoria frente a un Zapatero que, se calcula, estará fuertemente desgastado en 2012?. No sé si hay muchos más que piensen como yo, pero sigo convencido de que Mariano Rajoy, sí, el mismísimo, podría llegar, merced a este desgaste de los socialistas, a conquistar La Moncloa…si él mismo y los suyos lo permiten, por supuesto.

El caso es que aquí estamos, metidos en dos campañas electorales en las que algunos se empecinan en que se juegue más de lo que realmente se juega. Pero ya se sabe que hay temporadas en las que una nación es azotada por el viento de la locura. Y esta temporada parece que nos toca precisamente a los españoles, qué le vamos a hacer.

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