Luis del Val – Conversaciones cinegéticas


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Mientras España, después de 15 años, entra en una recesión, que no sabemos cuánto durará, conforta saber que hay españoles que los fines de semana se pueden dedicar al arte de la caza, o dicho en latín, a la «cynegetica».

El precio de un puesto de caza varía entre los 800 y los 6.000 euros, pero no es necesario que salga de los bolsillos del cazador, sino que puede ser producto de una invitación. Dentro de poco, gracias al juez Garzón, sabremos la cuantía de los regalos con que el ciudadano Correa obsequiaba a los políticos del PP que le hacían favores, y algún día nos enteraremos de quienes pagan los puestos de caza de determinados jueces, naturalmente sin que estos tengan que hacer ningún favor.

Si la política reúne a extraños compañeros de cama, la cinegética, en cambio puede producir la convergencia de compañeros afines de cama. De una tacada, por ejemplo, puede reunir al juez que instruye un caso del partido de la oposición, al ministro de Justicia, y al jefe de la policía Judicial, que parece menos habitual en esto de las monterías, pero que acudió porque le apasionan las conversaciones cinegéticas.

Porque los españoles que no van a estas cosas lo ignoran, pero el ministro de Justicia ha declarado que en estos sitios solo se habla de caza y de cosas del campo. Es decir, que en estos casi tres días que el juez y el ministro estuvieron juntos de lo único que hablaron fue de la escarda de cebollinos, de las lluvias de invierno y su influencia en la cosecha de cereal, del muflón, y de aspectos tan amenos como la cría del champiñón o la edafología adecuada para las pratenses.

Comprendo que muchos españoles, aunque puedan permitirse pagar 3000 euros por un puesto de jabalí, no vayan a estos sitios, porque al cabo de dos horas de hablar de la escarda de cebollinos, se tienen que quedar la neuronas como para que te interrogue el jefe de la Policía Judicial. ¡Y yo, ignorante, que me quejaba de las conversaciones de ascensor!.

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