Rosa Villacastín – El Abanico – La Pantoja pone en marcha el ventilador


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Una vez más Isabel Pantoja ha puesto precio a su intimidad. Una sustanciosa cantidad, que le servirá para alegrarle el ánimo y llenarle los bolsillos, ahora que Julián Muñoz no tiene donde caerse muerto y los deudores le persiguen por tierra, mar y aire. Claro que el notición de la ruptura de la pareja, bien merece el esfuerzo de mostrar en público su rostro menos amable, ese que no puede ocultar por más que el «foto shop» de Andrea Savini, haya obrado el milagro de quitarle veinte años de encima.

Dice Isabel en «¡Hola!», que su relación con Julián Muñoz ha llegado a su fin, pero no por su culpa sino porque «pasó algo que ha sido el error más grande que Julián ha podido cometer conmigo: el mentirme. Y yo nunca perdono un engaño».

En el fondo Isabel no dice nada que no supiéramos, toda vez que no fue a visitarle a la cárcel, después de vivir como una reina en «La Pera». La casa que la tonadillera adquirió en Marbella cuando estaban en pleno romance de valentía, y que abandonó cuando a su amor del alma le metieron en el trullo por malversación de caudales públicos. Una operación, «la malaya», que obligó a Isabel a pasar por el mal trago de tener que ir ella misma a las dependencias judiciales, donde pasó una noche, a prestar declaración por culpa de un dinerillo que no supo o pudo justificar. Y es que Isabel durante el tiempo que vivió con el ex alcalde de Marbella, incrementó tanto su patrimonio, tanto, tanto, que llamó la atención del juez Miguel Angel Torres. Un tema que está todavía pendiente de juicio pero que la obligará a volver a los juzgados, y está vez no para hacerse maravillosas fotos, sino para prestar declaración sobre un tema que le quema el alma, y del que no sabe como librarse.

Insinuar a estas alturas de la película que Julián la engañó -no explicita si en cuestiones económicas o sentimentales-, es una tomadura de pelo. Si es en lo sentimental, me extraña porque el ex alcalde de Marbella, bebía y bebe los vientos por ella, y si es en lo económico, llama la atención que no le preguntase, durante el tiempo que duró su historia de amor, de dónde salía tanto dinero como derrochaba en ella.

Isabel no es una ingenua, no lo ha sido nunca, tampoco en sus relaciones llena de luces y sombras, sobre todo en lo que asuntos de dinero se refiere. Tampoco lo fue con el «probe» Julián Muñoz, pues de otra manera nunca se hubiera atrevido a publicitar sus sentimientos como lo hizo. Pero si la ambición cegó al ex edil marbellí, también cegó a una mujer que no da puntada sin hilo. Una mujer que se está forrando concediendo entrevistas para hablar de lo que pudo ser y no fue, nunca de lo que verdaderamente ocurrió en el tiempo que vivió con Julián. Pero no sabe ella que la desilusión, el desamor, la falta de solidaridad, la soledad y la amargura, son malos compañeros de cama.

Así es como se encuentra Julián en estos momentos, sólo y desarmado, lo que le puede obligar a contar cosas que nunca se han contado. Y si a Julián le empieza a flaquear la memoria, entonces que tiemble Isabel, porque vamos a enterarnos de lo que verdaderamente ocurrió entre la famosa pareja.

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