Antonio Casado – El PP y las manzanas podridas


Hace mal negocio el PP si insiste en llevar a la campaña electoral la conjura de los venados. Esa parece ser la decisión de Rajoy. El pasado fin de semana ya sacó el asunto al mercado de los votos gallegos y vascos. Lo que consiguió es que Zapatero aceptase feliz el reto con sus respectivas alusiones, pero no a la conjura de los venados, evidentemente, que es donde el PSOE tiene algo que perder, por lo bajo, sino a las tramas de corrupción que salpican al PP y ponen en duda el liderazgo de Rajoy, que es donde tiene algo que ganar, por lo alto.

Son imperdonables errores de bulto en la estrategia del PP. Ya se vio con su cierre de filas en la reunión extraordinaria del comité ejecutivo del miércoles pasado. Tal y como acabó trasladándose a la opinión pública lo tratado allí hace una semana, es como si la dirección del partido hubiera puesto la mano en el fuego por los cargos públicos -al fin y al cabo, una minoría insignificante y muy localizada- que están bajo sospecha de haberse dejado sobornar por el tal Francisco Correa. Ya sé que no es así, pero eso es lo que ha llegado a maliciarse la opinión pública al ver como el PP echa balones fuera en vez de buscar las manzanas podridas y sacarlas del cesto. En la mencionada reunión, con intervenciones de voz quebrada, como la de Ana Botella, y llamamientos de apoyo al líder en boca de «barones» como Camps, Estarás, Soria, Teófila Martínez, etc., se escenificó la unidad de la dirección en torno a Mariano Rajoy, según la sugerencia que acababa de hacer en la reunión la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. Eso es rigurosamente cierto. Pero fue un cierre de filas frente a una supuesta conspiración política del Gobierno para destruir al PP, no un cierre de filas frente a los sinvergüenzas que están perjudicando la imagen de «un partido honorable votado por diez millones de españoles», en palabras de Rajoy.

Esa doctrina de Rajoy, así como las alusiones a las «manzanas podridas» formuladas por Soraya Sáez de Santamaría y Maria Dolores de Cospedal, no se aplica en la práctica. Desaparece ante el ruido que el PP hace en su sonoro rasgado de vestiduras por la cita cinegética del juez Garzón y el ministro Bermejo. Puede incluso tener razón al denunciar el episodio, al menos en su dimensión estética. Sin embargo, los ciudadanos saben que esa no es la cuestión. La dirección del PP también lo sabe, pero no actúa en consecuencia, lo cual perjudica su causa política y electoral. Con esa estrategia lo único que se consigue es otorgar el beneficio de la duda a los sinvergüenzas que aprovechan las siglas de un partido para meter la mano en la caja común.

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