Fermín Bocos – El santo de Belloch


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

¡En menudo lío se ha metido el alcalde de Zaragoza! Juan Alberto Belloch ha pretendido sustituir el nombre de una calle por el de Josemaría Escrivá de Balaguer sin imaginar la que se le venía encima. De manera, que en vez de echar agua al fuego de la polémica ha optado por dar el nombre del santo a una calle de un barrio nuevo.

El caso es que Josemaría Escrivá de Balaguer fue un hombre controvertido en vida y lo continúa siendo ahora por más que la Iglesia lo haya elevado altares y, además, es un santo reciente y el Opus Dei, hoy Prelatura Personal del Papa, tuvo una relación de apoyo innegable al franquismo, motivos que esgrimen quienes critican al alcalde Belloch por pretender dar el nombre de este santo a una calle de la ciudad.

Pero a pesar de éstas razones no se puede ignorar que también hay muchos miles de ciudadanos para los que Josemaría Escrivá de Balaguer es un santo y, además, en el caso de Zaragoza, un santo de la tierra puesto que Escrivá era de Barbastro. De manera que quienes no son creyentes tampoco deberían de sentirse ofendidos porque se de su nombre a una calle, habida cuenta que en Zaragoza, como en el resto de ciudades españolas, hay muchas calles dedicadas a santas y santos.

También habría que tener en cuenta que Franco murió hace más de treinta años y que hay una generación que afortunadamente no ha vivido bajo el franquismo. Hay muchos integrantes del Opus que, aunque sólo sea por una cuestión de edad, nada tienen que ver con el franquismo.

En un país tolerante tiene que haber espacio para todos. Tiene que haber espacio para que haya una calle que lleve el nombre de Escrivá de Balaguer sin que eso moleste a nadie. Lo que realmente les debería de importar a quienes están tan enfadados por la decisión de Juan Alberto Belloch es no tanto como se llame una calle, sino que ésta, como el resto de las calles de Zaragoza, tengan todos los servicios necesarios, alumbrado, aceras en condiciones, etc, etc, etc.

Insisto: en un país tolerante tiene que haber espacio para todos, de manera que Juan Alberto Belloch ha tenido en cuenta la sensibilidad de una parte de sus conciudadanos, a pesar de la enorme distancia que le separa del controvertido personaje de Josemaría Escrivá de Balaguer. Lo que es innegable es que el alcalde se ha metido en un charco.

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