Victoria Lafora – El clavo ardiendo


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

El Partido Popular volvió a escenificar en la sesión de control del Congreso su estrategia de agarrarse a un clavo ardiendo para desviar la atención de las acusaciones de corrupción que afectan a varios de sus altos cargos…

El clavo ardiendo era Bermejo y su colosal error al no frenar su afición cinegética; no suspender la cacería y volver a su casa, al ver a Garzón de compañero de tiros. Porque de tiros se habló en el Parlamento y, aunque Bermejo salió entre los aplausos de los diputados del PSOE, él era la pieza de caza mayor que quería cobrarse el PP.

Tras la sesión del Senado, en la que Zapatero ni le rió las gracias ni casi le miró, Bermejo sí le escuchó decir que no pensaba cesarle. Debió tranquilizarse ya que conoce las voces que, dentro del PSOE y del propio Gobierno, piden su salida y no ocultan su indignación por la excusa que su irrefrenable afición ha puesto en bandeja al PP.

Su torpeza política y el no haber sabido parar la huelga de los jueces han convertido al ministro de Justicia en el candidato más firme a dejar la cartera, incluso por delante de Magdalena Alvarez. Sólo hay que fijarse en las palabras de Zapatero que, en ningún momento, defendió a Bermejo y sí le recordó a Rajoy que utilizaba el escaño para hablar de los que le interesa al PP y no a los ciudadanos.

Y tiene razón el Presidente del Gobierno, la cacería es una coartada de corto recorrido para los datos de contratas a dedo, recalificaciones, espionajes y demás corruptelas que se investigan en Madrid y Valencia.

En cualquier caso, las penalidades que viven los populares no están, de momento, entre las principales preocupaciones de los españoles que siguen con hondo desasosiego la evolución dramática de los datos del paro y con tal temor al futuro que se ha paralizado el consumo. Muchos votantes piensan que se debería llegar a un pacto de Estado para luchar contra la recesión de la economía: que PP y PSOE deberían llevar a cabo una estrategia conjunta para frenar la sangría de perdida de puestos de trabajo en vez de enzarzarse, en la sede de la soberanía popular, a cuento de una cacería.

No se habló de la petición de la patronal de que los ERES se puedan decretar sin el aval del ministerio de Trabajo o introducir pactos fuera de los convenios. De eso ni una palabra. Tampoco se habló de cómo a esa hora se estaban despeñando los valores bancarios en la Bolsa después de todas las ayudas recibidas. Eso no parece interesar a la clase política. ¿Cuando dejarán de mirarse el ombligo?

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