Cayetano González – Ministro, corrupción y jueces


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Está el patio nacional como para salir corriendo y no volver hasta que desaparezca el hedor que se respira en el ambiente. Al «contubernio cinegético» del ministro Bermejo con el juez Garzón, el jefe de la policía judicial y una fiscal de la Audiencia Nacional, se une la presunta trama de corrupción que cada día que pasa salpica a más cargos públicos del PP y el hecho de que los jueces hayan llevado a cabo el pasado miércoles la primera huelga en la historia de nuestro País. Vayamos por partes.

En una democracia que se precie de tal, el actual ministro de Justicia ya se hubiese ido a su casa, porque lisa y llanamente ha sido pillado en falta. ¿Cazar es ilegal? No, aunque conviene tener al día las licencias y no como le ha pasado a Bermejo con su cacería en Andalucía. Lo que es muy poco estético y atenta contra el sentido común es hacerlo con el juez que ese mismo fin de semana ha ordenado las primeras detenciones de personas que presuntamente formarían parte de una trama de corrupción con vinculaciones con el PP. Pero ya se sabe que en política no dimite nadie. El único caso conocido sucedió en abril de 1994, cuando al entonces Ministro del Interior, Antonio Asunción, se le escapó de España, ni más ni menos, que el ex director general de la Guardia Civil, Luís Roldán, y no tuvo más remedio que dimitir.

Tampoco sale bien parado Bermejo de la huelga de los jueces, que fue secundada por un buen número de ellos. Dejando bien sentado que no me parece bien que los jueces -integrantes del tercer poder del Estado- hagan huelga, aunque tengan todo el derecho a ella, el actual ministro de Justicia es la persona menos indicada para reconducir un conflicto que daña a todo el mundo: a los ciudadanos, a los propios jueces y no digamos nada a la imagen y a la percepción que de la justicia se tiene en nuestro País.

Y en tercer lugar, los presuntos casos de corrupción que afectan a algunos cargos públicos del PP en la Comunidad de Madrid y en la de Valencia, aunque todo esto sea dicho con la advertencia de «presuntamente», porque como Garzón no ha levantado todavía el secreto del sumario, lo que se sabe, que es bastante, es en base a las dosificadas y medidas filtraciones a ciertos medios de comunicación. El PP puede quejarse y con razón de estar sufriendo una campaña dirigida a desprestigiarle, hecha además en los días previos a las elecciones vascas y gallegas del próximo 1 de marzo.

Pero esa denuncia es compatible con depurar hasta el final todas las responsabilidades políticas que se deriven de la investigación judicial. Si en el seno del PP ha habido corruptos, tienen que ser fulminantemente expulsados, juzgados en los tribunales y quienes les nombraron deberían también asumir alguna responsabilidad. Sólo le falta al PP, en estos tiempos de crisis de liderazgo y de rumbo que está viviendo, que encima se le cuelgue el estigma de la corrupción. Si eso sucede, que se vaya despidiendo de ganar cualquier elección. Los ciudadanos castigan de forma implacable, y hacen muy bien, a los partidos en los que hay corruptos y con disputas internas. Algunos están haciendo demasiados méritos para sufrir ese castigo.

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