Francisco Muro de Iscar – Aborto, lo único importante


NADRID, 19 (OTR/PRESS)

Lo siento, estaba equivocado. Creía que el principal problema de este país era buscar salidas a la grave crisis económica, pero para el Gobierno es más importante hacer una nueva ley que derogue el delito de aborto y permita el aborto libre, sin causa alguna, en las primeras catorce semanas.

Estaba preocupado por la inacción del Gobierno y su incapacidad para dar respuesta -Solbes dixit- a los problemas de cerca de casi tres millones y medio de parados, cerca de cinco al terminar 2009, o de cientos de miles de autónomos y empresarios que van a tener que cerrar su negocio porque los ayuntamientos y las autonomías no les pagan. Pues no, al Gobierno le urge acelerar la aprobación de una ley para que a partir de esas catorce semanas de aborto libre se pueda seguir haciéndolo por razones de «grave peligro para la vida o la salud de la embarazada», «graves anomalías físicas o psíquicas» o malformaciones en el feto.

Pensaba que la Justicia era un tema de máxima importancia, o que la educación debería ser el arma para buscar salidas de futuro a la crisis o para ayudar a cambiar el modelo económico que nos ha llevado a la recesión, pero tampoco. La portavoz del PSOE está preocupada por la inequidad territorial (?) al abortar y ha conseguido un logro irrebatible: tras la reforma legal, una niña de 16 años podrá abortar «sin verse obligada» a recibir el consentimiento de sus padres. Bastará con que se acerque a una clínica, se desembarace del niño y vuelva a jugar.

Me imaginaba que el Gobierno andaba preocupado por las filtraciones de sumarios bajo secreto o por la posibilidad de que EADS abandone España y nos deje fuera de uno de los grandes proyectos aeronáuticos y económicos europeos, pero lo que le motiva es que «los únicos derechos fundamentales implicados en esta cuestión son los de la mujer». Ni los del padre ni los del no nacido, a pesar de que «todos tienen derecho a la vida» (artículo 15 de la Constitución) y de la sentencia del Tribunal Constitucional que señala que el Estado «debe garantizar la vida del no nacido». Patrañas.

Ni una política generosa de apoyo a la familia o de conciliación de la vida familiar y profesional ni una buena educación sexual ni un reconocimiento del fracaso social que suponen más de cien mil abortos cada año, y creciendo. Nada de nada. Conseguido este objetivo, a pesar de que en la votación y en la sociedad hay prácticamente una división al cincuenta por ciento entre quienes defienden el aborto y quienes lo creemos un asesinato, lo que toca ahora, y ya están en ello, es atacar la objeción de conciencia de los médicos. No hay que criminalizar a la mujer que aborta, pero no se puede presentar el aborto como «progreso». La cultura de la vida está siempre por encima de la cultura de la muerte. No se puede estar en contra de la pena de muerte y a favor del aborto o la eutanasia. Algún día esta página de la historia estará entre las más negras de la civilización.

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