Fermín Bocos – Daños colaterales


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

La caída de Fernández Bermejo le ha hecho un siete en la clámide a Zapatero. El, que en términos de marketing, tanto ha construido alrededor de la imagen del buen gobierno, el código ético y el tal y tal que tan bien le ha funcionado hasta ahora en la televisión se ha visto obligado a entregar un ministro a los leones. Las dimisiones forzadas -lo correcto sería hablar de destitución- cursan como las minas: siempre producen daños políticos colaterales. Sobre todo si se producen a una semana de una cita electoral.

Porque aunque Zapatero ha dicho en Antena 3 que el gesto de Bermejo le honra, lo cierto es que el dimitido había llevado la gestión del Ministerio de Justicia al límite de la incompetencia. Anunciar al término de la huelga de jueces que iba a cambiar la ley para prohibir que los jueces hicieran huelga -reconociendo explícitamente que el paro no era ilegal, como había sostenido previamente-, fue un acto de autoritarismo impropio de quien tantas veces se llenó la boca con denuncias contra la pulsión autoritaria de la derecha clásica española.

Por no hablar del hecho (no menor) de que un ministro de Justicia se fuera de caza con un juez instructor y se haya visto obligado a reconocer que cazaba sin licencia. A otro, en su caso, la Guardia Civil le habría metido un puro y le habría requisado la escopeta.

En plena marejada de indicios de corrupción que afectan a diversos personajes próximos al PP (un consejero autonómico y dos alcaldes han tenido que dimitir) está claro que el «caso Bermejo» es un balón de oxígeno para un Mariano Rajoy al borde del ataque de ansiedad. Falta ver qué dicen de todo esto los electores gallegos y vascos. El domingo saldremos de dudas.

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