José Cavero – Caamaño, excelente presentación


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

El discurso de llegada al Ministerio de Justicia del nuevo titular, Francisco Caamaño, ha recibido plácemes generales y la satisfacción de que el importante y amplio gremio de los relacionados con la administración de la Justicia no han disimulado su satisfacción: por lo menos, a simple vista, suena bien, muy bien, el mensaje con el que llega Caamaño, que no es otro que el de la mano tendida y la mejor disposición a afrontar todos los problemas pendientes de debate y solución con los interesados o sus representantes: asociaciones de jueces y magistrados, funcionarios de Justicia, Consejo general del poder Judicial…

Ahora está por ver en qué medida lo permite el presupuesto que el Estado dedicará en los próximos meses y años a este capítulo de atenciones básicas del ciudadano, pero por parte del ministro hay, primero, buena información sobre el actual estado de cosas, y en segundo lugar, la mejor disposición a ir resolviendo todos y cada uno de los problemas pendientes para que, de una vez, se disponga de una Justicia moderna, que empiece a alejarse de los viejos legajos…

Será preciso observar lo que, en los días, semanas y meses siguientes, haga el ministro y sus colaboradores, pero todo permite suponer que algo ha comenzado a cambiar: el tono de la comparecencia ha sido muy distinto al que habría empleado el anterior ocupante del despacho. Bermejo se caracterizó por ser un ministro demasiado a menudo bronco y dispuesto a pegarse con quien fuera. Caamaño va a emplear recetas de muy distinta naturaleza, según todos los indicios y sus primeras manifestaciones.

El diálogo, las conversaciones con las asociaciones de jueces, con los expertos en oficinas judiciales, con los secretarios de juzgado, van a estar a la orden del día, con toda seguridad. Y, por supuesto, con el Consejo del Poder Judicial que preside Carlos Dívar y cuyo presidente, el magistrado Fernando De Rosa Torner, ha dejado sumamente preocupados a muchos políticos, incluidos los de su propio alineamiento político, que han podido contemplar en sus declaraciones una beligerancia impropia e inadecuada de quien se encuentra a la cabeza del gobierno de los jueces, organismo que se supone neutral y al margen de las peleas de los políticos.

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