José Cavero – Caamaño sucede a Bermejo


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Sólo unos minutos después de que Mariano Fernández Bermejo anunciara su dimisión, consultada y autorizada en La Moncloa, se anunciaba ya el nombre de su sucesor en el Ministerio, Francisco Caamaño, de quien se dieron a conocer unos pocos datos biográficos y de carácter: gallego, catedrático de Derecho Constitucional, fue uno de los indudables «cerebros» y negociadores del Estatuto de Cataluña, negoció con los políticos catalanes la aceptación de aquel texto que aún sigue en manos de los magistrados del Tribunal Constitucional, y tiene bien consolidada fama de hombre de diálogo y con quien se puede llegar a acuerdos.

Precisamente esa prisa en revelar el nombre del nuevo titular de Justicia impulsó las especulaciones sobre si Bermejo, en lugar de haber dimitido, había sido destituido y cesado por el jefe del Gobierno. El propio Zapatero se encargó, en la noche del lunes, en televisión, en explicar que Bermejo había solicitado su relevo ya el pasado jueves, en una conversación telefónica con el presidente, pero se dieron un plazo para ver cómo se sucedían los acontecimientos. Y al ver que la presión del PP no cesaba, sino todo lo contrario, arrojó la toalla.

Zapatero no pudo por menos que elogiar al ya ex ministro y su actitud, primero de resistencia ante el adversario y más tarde para no crear más problemas al Gobierno y querer facilitar las cosas en un momento particularmente delicado, en vísperas de las elecciones gallegas y vascas, sobre las que su «caso» pudiera tener alguna influencia. El jefe del Gobierno explicó que no tenía intención de destituir a Bermejo, pero que considera ejemplar su dimisión… En efecto, en algunos medios políticos socialistas se había llegado a pensar, y a proclamar, que el ex ministro estaba favoreciendo la derrota socialista en Galicia.

Bermejo alegó, en efecto, que estaba siendo utilizado contra el proyecto del PSOE. De modo que a unos les pareció inevitable, inaplazable y conveniente ese cese-dimisión, y otros han lamentado que el presidente hubiera esperado tanto, hasta que la situación se hubiera llegado a pudrir y el PP estuviera pidiendo casi cada hora su relevo…

Aún así, conocidos esos pormenores, no falta quien sospeche y quien proclame que Zapatero ha sacrificado a Bermejo por sus escándalos y por ese desgaste electoral que venía ocasionando por sus polémicas cinegéticas -la caza con Garzón, la caza en Quintos de la Mora, la caza sin licencia-, la huelga de jueces, la amenaza de ley contra la posibilidad de que los jueces repitan la huelga… Lo cierto es que el paso de Bermejo por el Gobierno, durante dos años y dos meses, no resultó tranquila ni tampoco inadvertida.

De su sucesor Caamaño, se insiste en que viene a ser «la antítesis de su predecesor» y un perfil opuesto al de su antecesor: nada provocador -sin el espíritu belicoso de Bermejo, considerado como un foco continuo de problemas-, de carácter dialogante, a Caamaño le corresponde, sobre todo, la tarea pendiente de llegar a un entendimiento con el mundo de la justicia y, lo que resultará más importante, dotarla de los medios suficientes para la inaplazable reforma de estructuras materiales que viene reclamando: más jueces, la nueva oficina judicial, la informatización y eliminación de legajos de papel en los juzgados, la informatización de sentencias y casos pendientes…

El aún recordado caso de Mari Luz Cortés debe proporcionar la costosa lección de hacer una Administración de Justicia mucho más exigente y eficaz. Algún analista llega a proclamar que Caamaño hereda la situación más compleja de la justicia en democracia, con jueces airados, reformas pendientes y la siempre esperada sentencia del Estatut catalán… Bermejo, en ese sentido, y así las cosas, había pasado a ser un lastre para el Gobierno y deja un Ministerio «cercado por los conflictos».

¿Puede apuntarse el tanto de su relevo el PP? No hay duda de que colaboró muy activamente en convencer al propio interesado y a la opinión pública. El PP ha vuelto al «váyase usted, señor González», que en su momento empleó machaconamente Aznar. Ahora se había traducido en el «son las 11 y 10, 12 y cuarto, es la una…», y Zapatero aún no ha cesado a Bermejo». José Blanco y Leire Pajín replicaron ayer al líder popular: Son las siete, las ocho, de la tarde, y Rajoy no ha tomado ninguna medida sobre las corrupciones destapadas en su partido…

La política es así de implacable.

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