José Cavero – Bálsamo y euforia en el PP.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Los resultados de las autonómicas gallegas han sido un formidable bálsamo tranquilizador y amable para un PP que en los últimos tiempos, durante una larga temporada, había atravesado muchas amarguras y penurias, tras las elecciones generales de marzo del año pasado cuando la derrota estimuló a algunos dirigentes del PP a buscar alternativas a Rajoy. Pues bien, ahora todo son plácemes, felicitaciones y sonrisas de felicidad y como ha dicho Manuel Fraga «sólo un perfecto imbécil puede ahora decir que Rajoy no es el líder ideal en este momento».

Muchos otros críticos de otros tiempos se han apresurado a ofrecer su adhesión más o menos incondicional. Esperanza Aguirre, siempre cicatera con Rajoy, esta vez ha roto esa característica y también ha señalado que no hay otro líder que don Mariano. Mariano Rajoy, como ha escrito un analista, es hoy mucho más líder del PP que el pasado domingo por la mañana. Porque todavía el domingo no había certeza alguna de que Núñez Feijóo fuera a conseguir los formidables datos de la mayoría absoluta que ya le permite ir vendiendo el controvertido y caro Audi de su predecesor y de terminar de elaborar su lista de consejeros, con sólo trece carteras, y con otra serie de «rebajas de temporada» que ya viene anunciando.

Con toda seguridad, la alternancia que se va a producir, o empieza a producirse ya en Galicia, sin más espera, va a reclamar muy notables atenciones desde toda España: deberá ser el Gobierno «modelo» y el ejemplo para las restantes administraciones, tanto la del Estado central como las de otras comunidades autonómicas. Su política en inversiones, en gastos, en programas de actuación industrial van a tener un seguimiento excepcional, con toda seguridad. Y Rajoy, como es lógico, está participando en estas buenas expectativas, entre otras razones porque apostó muy fuerte por su candidato y porque hizo una campaña tan activa como él, recorriendo docenas de pueblos de su Galicia. Rajoy se comprometió y ahora puede declarar que no recuerda otra campaña electoral tan feliz. Sobre todo de resultados tan felices y relajantes…

Las novedades políticas gallegas ya han forzado la dimisión al ex presidente Pérez Touriño después de cuatro años que ahora merecerán toda suerte de lanzadas «a toro muerto». La coalición PSG-BNG era ya atacada sin contemplaciones antes de las elecciones y ahora lo es sin recato alguno. Nadie duda de que los resultados del 1-M hacen justicia a esa inoperancia, ineficacia, desacuerdos interiores, cesión socialista a los postulados más radicales del Bloque…

Todo eso por lo que se refiere a Galicia, donde el vuelco es ya una realidad que nada impide y que se celebra festivamente en el seno del PP. En Euskadi, el panorama es bien distinto. En realidad, hay dos opciones posibles de Gobierno, las que pudieran encabezar Ibarretxe u otro candidato del PNV, la llamada opción nacionalista, y la no nacionalista o constitucionalista, con Patxi López, el hombre del PSE, a su frente. Ambos han manifestado ya su intención de pelearse por seguir estando en Ajuria Enea o por instalarse en este palacete presidencial. El PNV lo tiene más difícil porque no dispone de socios suficientemente potentes en votos como para sumar los 38 imprescindibles para la votación de investidura, tras la sensible merma de EA o EB. El PNV podría recurrir a los socialistas, pero el no de Patxi está garantizado de antemano porque él mismo está decidido a instalarse en la sede presidencial o lendakaritza que los peneuvistas han venido ocupando en las tres últimas décadas.

Desplazarlos de ese centro de poder, y de muchos otros, resultará agónico y trágico para un PNV con tan larga tradición de mando en plaza. Pero Patxi se lo ha propuesto, y cabe suponer que ha hecho muchos cálculos para que la operación no le falle o le estalle en las manos. Patxi López quiere gobernar en solitario, recurriendo al PP, e incluso al PNV, en los momentos cruciales -investidura, presupuestos, grandes leyes futuras como la reforma del Estatuto de autonomía-. No será tarea sencilla. Al PNV no le gusta nada su propio desplazamiento ni, seguro, le gustarán las restantes novedades que traiga consigo el españolista López y mucho menos sus socios coyunturales del PP o de UPD…

Pero eso es lo que, hoy por hoy, se nos promete en este otro escenario nada tranquilo. Entre otras cosas porque el desplazamiento del PNV lo situará en situación mucho menos amable con el Gobierno de Zapatero, al que, por ejemplo, cabe recordar que dio su apoyo hace un par de meses para que sacara adelante los presupuestos generales. El PNV y el BNG son ahora, precisamente, las dos fuerzas que se verán desplazadas por la nueva situación…

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