Isaías Lafuente – Palabras mayores


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Frente a Ibarretxe, Iñigo Urkullu ofrece la cara moderada del PNV. No llega al perfil de Josu Jon Imaz, que llegó a enfrentar sus tesis a los afanes soberanistas del lehendakari y se marchó para no renunciar a sus principios ni crear una brecha mortal en su partido, pero ha navegado durante su mandato en aguas turbulentas intentando poner un poco de sentido común cuando las cosas se desbocaban. Por eso, oírle ahora calificar la intención legítima de Patxi López de hacerse con el gobierno vasco como un «golpe institucional» evidencia los nervios que viven los dirigentes del PNV ante la posibilidad de abandonar el poder después de 30 años de ejercicio. En España sabemos mucho de golpes y por eso no debemos consentir que nadie, en nombre de nada, rescate frívolamente el concepto para referirse a los procesos democráticos que los españoles nos dimos en la Constitución y los vascos, en el Estatuto de Guernika. Por cierto, procedimientos que permitieron al PNV gobernar durante una legislatura a pesar de que el PSOE había sido el partido más votado. Procedimientos que además no son sólo historias del pasado. En el País Vasco, las Juntas Generales de Alava y Guipúzcoa las gobierna el PNV en coalición con otros partidos a pesar de que los ganadores fueron el PP y el PSE-EE respectivamente. Y en el resto de España, cuatro comunidades autónomas están gobernadas por partidos que no ganaron en las urnas. Y la lista de perjudicados es universal: En Cataluña, CIU; en Cantabria y Baleares, el PP; y en Canarias, el PSOE. Cada vez que Ibarretxe ha visto frenados sus planes ha acusado a los demás de no atender la voluntad de los vascos. Pero ahora su partido parece no respetar la que se manifestó el pasado día 1 en las urnas. Ahora es a los elegidos a los que corresponde interpretar esa voluntad y cualquier fórmula que se articule sobre una mayoría parlamentaria es perfectamente legítima. Parece mentira tener que escribir sobre estas evidencias. Especialmente en el País Vasco, en donde ETA está moribunda pero activa. De nuevo tendremos que recordar las palabras del ex presidente del PNV, Josu Jon Imaz, cuando advirtió de que la consulta que planteó en su día Ibarretxe podría ser el Plan B de ETA para matar en nombre de una presunta voluntad popular desatendida. La verdad es que los terroristas no necesitan pretexto alguno para asesinar, pero conviene no poner sobre la mesa argumentos gruesos de los que se puedan apropiar para legitimarse, como advirtió en su día en peneuvista Imaz.

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