Dos anxos e dos mortos: en la muerte de Anxo Rei Ballesteros

Dos anxos e dos mortos: en la muerte de Anxo Rei Ballesteros

Eterno e inseparable Ángel:

A cuantos Dios —que en divina jornada creó las rías gallegas con sus propios dedos— privó de la voluptuosidad de la lengua das bruxas e os devanceiros no tienen por qué saber que justamente eso: Ángel, en la lengua de Alonso Quijano, es lo que tu nombre, Anxo, significa en la de Rosalía.

Hace apenas unas horas, el vino se me volvió sangre. La invitación prometía ser grata, pero me enteré que te fuiste el pasado octubre, como en un tango amargo, para nunca más volver.

Sé, con todo, que conociéndome, cuando volvamos a vernos, no me lo reprocharás. Los que desfilamos a contrapié del globo terráqueo y como a remolque de la horas siempre nos enteramos a destiempo, no sólo del oro de los BOES y los DOGAS, sino, mucho peor, de los adioses irrevocables.

Me hubiese gustado, inesquecible amigo, saber de ésta tu última pelea, para apadrinarte en tu duelo postrero o, cuando menos, ser testigo de tu resuelta dialéctica legionaria ante el esqueleto fatal: —«Por menos se han batido dos hombre en duelo», solías decir, cuando la resaca de la vida arrastraba hasta nuestras entonces jóvenes costas maderos náufragos de alguna injusticia. Mas tu último duelo no pudo ser limpio.

En vez de fajarse contigo, el cobarde esqueleto te acuchilló por la espalda. No tuvo lo que debería haber tenido: el suficiente valor para enfrontar los ojos de un Caballero Legionario. Esos ojos de inquebrantable carballo galaico, que sin embargo, ahora, la memoria de César Antonio Molina viene a pintarte de azul, desorientado, acaso, por un circunstancial alzheimer cortesano.

¿Recuerdas, cuando más jóvenes? Disfrutábamos —¡yo más que tú!— de aquellas historias en gleba de minaretes y almuecines, inverosímiles para quien no te conociese, donde fuiste el protagonista de tu primera Legión; no la otra: la de la lucidez intelectual, en la que ya desfilarías para siempre con el verbo inexhausto que no te cabía en el pecho. Eran tiempos sin prisas ante un horizonte ilimitado.

Paseniñamente, con inusitada parsimonia, caían las horas sonoras de la torre del reloj; en una estética de sonoridad introductoria al paisaje metafísico próximo: la Quintana dos Mortos, nocturno silencio de piedra donde alumbraba tu voz. Y sobre un charol de lloviznas, las luminarias de Santiago nos brindaban entonces los mejores reverberos del grato porvenir. (Juventud, divino tesoro, ¡te fuiste para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer. Abraza a Rubén y saluda a Gardel.)

Con el ex-anarquista Xiao —recién capitulado ante los amores de una blonda y rosácea poetisa céltica en flor, cuyo nombre, entre caballeros, se impone olvidar—, compartimos aula por el año ochenta y dos. ¡Menudo parqué!: el pobre David de Prado, padre pedagógico del Torbellino de Ideas, rezaba en cada clase por sentarse con nosotros; por poder ponerse del otro lado de su mesa profesoral, sorprendentemente, para evitar ser absorbido por nuestro propio torbellino.

Pero sobre todo, insaciables de veritas, nos entregamos a la dialéctica más pura en mi buhardilla. ¡Cómo olvidar aquella noche, de platónico Banquete, prolongada hasta el nuevo mediodía!. Licor tras licor, in vino veritas, agotamos las botellas y nos fumamos todos los habanos —que no eran pocos. Buscábamos, quizá, entre el humo y el ensueño, una luz de utopía para orientarnos, para «saber a qué atenernos», como diría nuestro respetado Ortega.

Yo, no la encontré. Y entonces, inolvidable Anxo, te dediqué mi prosa juvenil (A don Utopos, el fabulador) ; la misma que hoy, por llegar a destiempo, te reenvío: a tí, fabulador utópico Dos anxos e dos mortos, que supiste darnos en vida la granada flor de la boca de tu palabra profunda, agustinianamente insatisfecha: «busquemos como buscan los que aún no han encontrado, y encontremos como encuentran los que aún han de buscar».

(Saluda, también, a Heidegger y Adorno. No te olvides de Zubiri.)

Ata vérmonos, Anxo.

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R. Malestar Rodríguez
www.castaparasitaria.com
rmalestar[@]gmail.com
(10/03/09)

Autor

Roberto Malestar Rodríguez

Roberto Malestar (Vigo). Heterodoxo; filósofo —licenciado, graduado y doctorando en filosofía por la Universidad de Santiago de Compostela. Publicista, ensayista y articulista. Es, además, letrista e intérprete de tangos, folclore hispanoamericano y otros géneros.

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