Carlos Carnicero – La bronca de la vicepresidenta y la llegada de Obama.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

La bronca de María Teresa Fernández de la Vega a los secretarios de Estado y subsecretarios recuerda un poco a la de una monitora de campamento de verano que se queja porque sus pupilos no han recogido los sacos de dormir y tienen las tiendas de campaña desordenadas. No dice mucho en favor de la vicepresidenta y sí habla del desconcierto de un gobierno sin iniciativa que pretende que los segundos niveles de responsabilidad asuman la dirección de un proyecto que se encuentra en punto muerto.

Ahora estamos a la búsqueda de un nuevo impulso: como viene Obama a Europa y le ha dedicado un elogio y atención a la Alianza de Civilizaciones, el presidente ha mandado planchar su traje y su sonrisa para ver si funciona una vez más las campañas de imagen que le diseña, ahora desde el mundo de la publicidad y con sueldos millonarios, su ex secretario de Estado, Miguel Barroso.

La política ha desaparecido de la agenda presidencial porque en realidad no estuvo nunca. La propaganda, la puesta en escena de proyectos luminosos que normalmente no culminan, son tarascadas de defensa central cuando la torpeza histórica del PP le permite retener el balón por unos minutos.

No hay perspectiva estratégica en Zapatero porque sus proyectos se agotan en ocurrencias que tienen que tener formato instantáneo: el recuento es perturbador, desde el campeón energético nacional que ha terminado por ser italiano hasta los cheques bebés para todos los niños sin importar la hucha de sus padres o el aguinaldo electoral de cuatrocientos euros cuando la crisis era patrimonio de los pesimistas.

Sin presupuesto para los desenterramientos de la Ley de Memoria Histórica, sin presupuesto para la Ley de Dependencia, con las arcas del superávit rotas con siete descosidos, ahora se confía en que el carisma de Barack Obama se transmita por osmosis, por contagio de piel, si el presidente del Gobierno de España consigue una foto sonriente cerca de quien sí tiene proyectos e ideas y de momento las está poniendo en marcha. Mientras tanto, los secretarios de Estado, como niños abochornados por su maestra, buscan proyectos oxidados en sus cajones por si pueden llevar algo a la próxima reunión de subsecretarios.

CARLOS CARNICERO

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