Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – El fuego de las Fallas


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Qué duda cabe de que estos días festivos no han de ser los más felices que recuerden quienes rigen la política en la Comunidad Valenciana. Veo la entrevista que un diario le hace al famoso ex sastre de Camps, que se llama José Tomás y se está haciendo más célebre que el torero, y sigo sin convencerme de las culpabilidades del presidente de la Generalitat, más allá de que sin duda debió afrontar las cosas con mayores dosis de valor y sinceridad: no sé quién pagó los trajes, pero lo cierto es que, con la que está cayendo, me parece, los pagase quien los pagase, un tema no solo de menor cuantía, sino de menor relevancia, si no fuese porque, eso sí, los ciudadanos tenemos derecho a que aquellos a los que situamos para gobernarnos nos digan la verdad.

No seré yo, en todo caso, quien tire ni la primera ni ulteriores piedras sobre cabezas cuya culpabilidad no me consta. Ni la de Camps ni la de la ex mujer de un político corrupto, la vicesecretaria general del PP Ana Mato, a la que, simplemente por el hecho de haber estado casada con él y militar con cargos en el mismo partido, le ha caído encima una lluvia de balas acusatorias que, en realidad, no buscaban su cuerpo, sino el de su jefe, Mariano Rajoy.

Pienso que los que ejercemos esa misión sagrada que es el periodismo, que incluye la denuncia de las prácticas de corrupción y hasta las que van contra la estética política, debemos tener mucho cuidado a la hora de lanzar nuestros dardos: no vaya a ser que confundamos apariencias con realidades y realidades con deseos. Los periodistas, me parece, no estamos para poner o deponer gobernantes, sino simplemente para contar y analizar la realidad. Por eso, aunque no esté de moda, trato, en lo que me es posible, de mostrarme mesurado a la hora de pedir responsabilidades. Pero sí me gustaría unir mi voz a la de todos aquellos que reclaman luz, taquígrafos y altavoces para que todo, todo, quede muy claro.

Porque no me negará usted que claridad es lo que está faltando a chorros en los asuntos que, desde hace semanas, acaparan las portadas de todos los periódicos. Confieso que me ha producido indignación la manera como se ha cerrado la comisión de investigación del espionaje sobre políticos del PP, apresuradamente clausurada en la Asamblea que controla Esperanza Aguirre. No faltan en la Comunidad madrileña voces que incluso nieguen que se haya producido tal espionaje; pero, como ocurre con las meigas, haberlo lo ha habido, aunque a estas alturas no sepamos, aunque tengamos nuestras sospechas, ni quién lo puso en marcha ni para qué.

Y lo mismo podría decirse de los últimos resquicios de esa «operación Gürtel» iniciada por el juez Garzón. Achacar a la evidentemente mala instrucción del magistrado «estrella» todas las culpas no borra la existencia de una trama corrupta que, capitaneada por Francisco Correa, actuaba en el entramado del Partido Popular tanto en Madrid como en Valencia, al menos. Para mí, lo más preocupante no es tanto la propia trama como la sensación de que desde el PP se quiere mirar hacia otro lado, como desvinculándose de que un puñado de golfos haya cobrado comisiones a cambio de recalificaciones o hayan favorecido a empresarios amigos a cambio de pagos en especies. El PP, que obviamente no se ha beneficiado para financiar al partido de las actividades de los mentados (presuntos) golfos, tiene que hacer renacer su comisión de investigación interna, mostrarse implacable con aquellos que se demuestre que han incurrido en prácticas ilegales y pedir perdón por no haber ejercido a tiempo los controles adecuados. Pero, eso sí, también tienen que procurar los rectores del PP que el barro no salpique a los inocentes o a aquellos cuyas culpas no puedan demostrarse: para ello, es obvio, las gentes que rodean a Rajoy, de cuya honradez me parece que no puede dudarse, tienen que actuar sin contemplaciones, sin guardar equilibrios políticos internos y diciendo a los ciudadanos las cosas como son.

Mientras esa investigación no se ponga en marcha, mientras se siga considerando a los ciudadanos como menores de edad ante los que se pueden desplegar cortinas de humo y atiborrar a mentiras, al PP se le seguirán atragantando todas las sombras de sospecha que acumulan los ciudadanos. Y el fuego de las fallas de la política seguirá consumiendo a los responsables del partido, y no en efigie de cartón piedra precisamente.

FERNANDO JAUREGUI

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