José Cavero – Semana crucial en Euskadi.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Las declaraciones efectuadas en los últimos días por el líder del PP vasco, Antonio Basagoiti, expresando sus dudas y desconfianzas sobre el apoyo que su partido podría prestar al candidato socialista Paxti López para su eventual investidura -la duda sobre si sólo quiere una noche de bodas, para irse luego «con otra»-, extiende el proceso de todo tipo de sospechas y desconfianzas. Por mucho que se haya invocado la necesidad de «grandeza», es evidente que los partidos quieren dejarlo todo atado y bien atado: qué cedo y, a cambio, qué obtengo. La transacción comercial está a la orden del día y Euskadi no iba a ser distinto, por mucha grandeza y buenas intenciones que se pretendan…

Es evidente que el PSE, conforme había declarado repetidamente su dirigente López durante la campaña electoral, no quiere «boda para siempre» con los populares, pero sí quisiera poderse beneficiar de ellos para conseguir «el arranque del cambio» y de la nueva etapa que se pretende en Euskadi, descabalgando a los nacionalistas de Urkullu e Ibarretxe. El PSE quiere tener seguro ese apoyo del PP para poner en marcha su novedosa política propia, pero a su vez, el PP quiere obtener un compromiso firme y estable, por parte del PSE, para que la colaboración de las respectivas fuerzas no dure, sencillamente, lo que dure la sesión de investidura. Es fácil entender esa desconfianza del PP y las garantías que exige, que no es otra cosa que un Programa de Gobierno puro y duro, cuando no de un Gobierno de coalición, dos cosas a las que López parece resistirse…

De modo que Patxi López se ve entre dos fuegos: las exigencias del PP y las del PNV, ambos partidos radicalmente irreconciliables entre sí. Desde el PNV recuerdan también que «López no puede pretender que su idilio con el PP sea sólo el rollo de un día»… De manera que lo que desearía López, esa equidistancia y proximidad similar a las otras dos fuerzas y ser el árbitro entre ambas, parece un juego dialéctico o teórico, pero ciertamente inalcanzable. O colaboración con el PP o colaboración con el PNV y, en cualquier caso, distanciamiento con la fuerza alternativa…

Por si fuera poco, llega la noticia de que el PNV, a su vez, ataca por la banda contraria y formaliza una oferta al PP para contar con su apoyo para formar Gobierno en Euskadi. Según informaba esta mañana Intereconomía TV, los nacionalistas pretenden descabalgar el acuerdo de Patxi López con el PP de Basagoiti ofreciendo a este último el máximo posible de contraprestaciones a cambio de sus votos. ¿Por qué no? Desde luego, al margen de posiciones nacionalistas, es menor la distancia ideológica entre PP y PNV que entre PP y PSOE…

Pero se echa encima el tiempo de las grandes decisiones, como no escapa a López y a los colaboradores del PNV, que deberán inclinarse por alguna fórmula de colaboración con el PP si no quieren regresar al punto anterior a las elecciones del primero de marzo, con hegemonía casi perpetua del PNV. El cambio «de régimen y religión» en la política vasca tiene altísimo coste precisamente porque la mayoría del PSE es insuficiente: ha aumentado mucho su representación en el Parlamento vasco, pero sigue siendo la segunda fuerza política vasca, necesitada por consiguiente de los apoyos externos que sólo podría brindarle el PP para constituirse en alternativa al gobierno del PNV.

Lo más probable, ya decidido el PSE a establecer acuerdos con el PP, es que en los próximos días se llegue a un entendimiento de mínimos, sobre el programa de actuación del lehendakari López, un programa en el que deberá aplicarse, de un lado, la receta del cambio para que el PP la acepte y asuma, pero también la receta de una apertura a las restantes fuerzas políticas, para no excluirlas de manera radical y desde el primer momento. ¿Será posible alcanzar y mantener ese equilibrio inestable? Patxi López tiene por delante esa prueba de fuego y no dispone de demasiado tiempo para resolver este juego «de las siete y media», en el que no puede pasarse ni quedarse demasiado lejos…

Con un inconveniente más: la estrategia de la banda ETA, que será difícil que no pretenda participar en estos juegos políticos desestabilizando un poco más la situación. Hoy se asegura que la banda persigue «desestabilizar a la Ertzaintza» y frenar una mayor implicación de la policía vasca en la lucha antiterrorista. Todos quieren condicionar y plantear sus exigencias al futuro lehendakari.

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