Julia Navarro – Escaño Cero – El niño y el lince.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Que la Iglesia esté en contra del aborto es lo normal y lógico. Como lo es que la Iglesia opine de asuntos que, como el del aborto, tienen que ver con la conciencia, con la ética, con lo más íntimo del ser humano. Es más, creo que la Iglesia es un contrapeso necesario en el juego de equilibrios que se da en la sociedad. Nadie está obligado a seguir su doctrina, pero siempre enriquece escuchar la voz de quien representa dos mil años de historia y unos valores con los que se ha construido Occidente y que están fuertemente arraigados en nuestra propia historia y educación.

De manera que defiendo que la Iglesia opine sobre un asunto tan espinoso como el de la nueva legislación del aborto impulsada por la ministra de Igualdad. Pero, dicho esto, también quiero añadir que en una sociedad democrática todo es cuestionable, todo se puede criticar, también las posiciones de la Iglesia, y creo que la Conferencia Episcopal Española se ha equivocado con la campaña en contra del aborto. En mi opinión, resulta un mensaje burdo el de esos carteles en los que un bebe pide tener los mismos derechos que un lince. No sé quién es el «genio» al que se le ha ocurrido la infeliz idea, pero le aseguro que provoca una reacción contraria a la que persiguen.

No, no han acertado con la campaña, es más, parecen frivolizar el problema del aborto. De la misma manera que me parece hiriente la sonrisa de la ministra de Igualdad cuando habla de este tema, me parece inadecuada y burda la campaña de la Iglesia. Creo sinceramente que la ley de despenalización del aborto había que reformarla para evitar que fuera un coladero que permitiera a médicos desaprensivos practicar abortos hasta los seis, siete u ocho meses de embarazos como sucedía en Barcelona en la nefasta clínica del llamado doctor Morin. Creo que es mejor poner un plazo con unos condicionantes y unas garantías de que se cumpla la ley.

Ahora bien, me parece urgente que los dirigentes políticos y la sociedad entera reflexionen sobre el fracaso que suponen todas las políticas que en materia de educación sexual se han venido poniendo en práctica en los últimos veinticinco años. Y han sido un fracaso porque hoy hay casi tantos abortos como cuando no había ni educación sexual ni los anticonceptivos estaban al alcance de todo el mundo.

Hoy los niños tienen información precisa sobre cómo evitar un embarazo, y no digamos los adultos, y, sin embargo, continúa siendo enorme el número de embarazos no deseados. De manera que algo estamos haciendo mal, porque de lo que se trata es de que no se produzcan esos embarazos no deseados que puedan dar lugar a su interrupción.

El aborto es una tragedia y lo que hay que hacer es luchar contra las primeras causas de esa tragedia, que no es otra que lograr que no se produzcan esos embarazos no deseados puesto que hay métodos anticonceptivos al alcance de todos. Por ahí es por donde deberíamos de empezar a trabajar.

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