Fernando Jáuregui – ¿Está Zapatero en baja?.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Asisto a la sesión de control parlamentario en el Congreso. He encontrado al presidente algo bajo de tono, a la defensiva frente al ataque de Mariano Rajoy. El líder de la oposición le dice que, así, ni Zapatero ni la economía española duran seis meses. ZP responde como los boxeadores que, agotados, se agarran al cuerpo del contrario: «lo que importa es cuántas soluciones podemos tomar juntos». ¿Cambio de estrategia del presidente y mano tendida al contrario? ¿Reconocimiento de la propia incapacidad para seguir pedaleando en solitario?

Desde luego, ZP no es un campeón de la autocrítica: puede que un político no tenga que serlo. Pero hace tiempo que creo que a Zapatero no le va a quedar más remedio que pedir un acuerdo amplio con Rajoy. No sé si tanto como ese gobierno de gran coalición del que ya muchos hablan, pero sí algún tipo de pacto amplio que le permita tener oxígeno para ganar votaciones en el Parlamento sin ceder a exigencias excesivas de los nacionalistas y/o de sus propios correligionarios catalanes. Otra cosa es que Rajoy aceptase una tal propuesta, pero entonces sería él el responsable ante los ciudadanos de no haber aceptado el pacto que todos, de izquierda y de derecha, dicen estar deseando que se suscriba.

La situación económica es declaradamente mala, pero la política es casi peor: hay crisis autonómica, legal (ambas cuestiones necesitan una reflexión a fondo y una buena mano de pintura), institucional (sobre todo, en el ámbito de la Justicia). Y hay crisis larvada, pero patente, en el propio gobierno, donde más de un ministro se sabe ya «quemado».

Cierto que en el bando de enfrente las cosas no van mucho mejor, con tanta acusación de corrupción, con la sensación ciudadana de que en el PP todo son desavenencias y luchas por el poder. Pero lo cierto es que, en las curvas que estudian los expertos en sondeos, el PSOE baja algo y el PP sube imperceptiblemente, pero sube.

Lo que no sube es el entusiasmo del personal, que encuentra un panorama asfixiante, sin ideas ni demasiadas perspectivas. Y todos miran hacia La Moncloa, a la espera de soluciones o, al menos, de iniciativas. Pero ya digo: Zapatero, el triunfador, anda como en horas bajas, Rajoy -sí, también ahora Rajoy_ lo vapulea en el rifirrafe parlamentario, los jueces lo ningunean, los policías se le manifiestan, los empresarios se le plantan, la Iglesia le hace campaña en contra. En estas circunstancias, hay que añadir, de nuevo, que se hace urgente alguna acción procedente de La Moncloa; algo original, ilusionante, más allá de recibir para intercambiar buenas palabras a los autónomos, a los banqueros, a los sindicalistas, a los empresarios…

Pero estos encuentros obviamente no bastan. Ni basta confiar en la acción concertada internacional para salir de la crisis, por mucho que esta crisis sea básicamente global. Hay entre los españoles un déficit de confianza y Zapatero, a quien hay que reconocer sus méritos -desde entrar de hecho en el G-20 hasta mantener aquietadas las aguas socialistas–, es el principal responsable de disipar esos nubarrones. Pero ¿cómo hacerlo si todos intuyen que el presidente, de tan sereno talante, está, sin embargo, sumido en una cierta depresión?

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