Don Emilio está triste… ¿Qué tendrá don Emilio?

Don Emilio está triste... ¿Qué tendrá don Emilio?

¡Miradlo!: abatido por la melancolía, y melancólico por tan vano esfuerzo ante un horizonte ausente de Poder. Como reseca estantigua, remolcado por su propia sombra y, sin posible lifting existencial, profundamente triste deambula don Emilio: Pérez Touriño. Maldito mes, obcecadamente encontrado con sus heterodoxas nupcias políticas.

Dinos, Rubén, grandioso del Ocaso y el Destino, ¿qué padece él, don Emilio? Con sonatina DE ÚLTIMA HORA, pitonisamente, escupe el vate en teletipo:
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Don Emilio está triste… ¿Qué tendrá don Emilio?

Su “Galiza” se esfuma en un mal de delirio,

que le aja la risa , que le abrevia el color.

Don Emilio está ausente por sus sillas de oro,

está mudo aquel iPod de su Audi sonoro,

y en su ocaso, Pepiño, le retira el amor.
.

Ya no quiere la Xunta, ni el requiebro del BLOQUE,

ni el abrazo encantado, ni el bufón del estoque,

ni encomios unánimes en bancada de azur.

Y a los siete nenúfares de la Villa PSOE,

de futuros inciertos, el dolor les corroe,

mientras Don se broncea en las playas del Sur.
.

¿Piensa, acaso, en sus mixturas de heteróclita cocina,

o en la desdicha política de su jornada argentina,

que de sus ojos borraron la delicia y la luz?

¿O en la honradez de cien años de capullos flagrantes,

o en aquel suplicante de votos tan solo días antes:

el Gran ZP Mesetario, amo y señor de su testuz?
.

—«Calla, calla, Touriño», dice el Anxo madrina

Quintana, «que, a por los boinas, hacia acá se encamina

quien desprecia los yates y aún repudia el “Azor”:

el porvenir caballero que te “beirea» sin verte,

¡Xosé Manuel Beiras!, vencedor de Malasuerte,

que resucitará tu ánimo con su inmarcesible fervor.»

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Pronto se cansarían sus coterráneos, conservadores desde el Séptimo Día, de tanta promiscuidad, de tanto indecente amorío con el ATS Quintana (“o pinchacús”), el príncipe de los “xoubas”: juramentados prolusos cuya máxima aportación de modernidad a Galicia viene consisitiendo en un empeño valetudinario por rebautizarla como “Galiza”, contra todo uso y costumbre de los propios dueños de su tierra, lo mismo que, anticientíficamente, contra el acervo documental de los vestigia filológicos. (“Gallaecia” y “Gallicia” son, en efecto, las formas latinas documentadas, siendo en cambio “Galiza” «una forma del gallego antiguo que conserva el portugués moderno», tal como ha consignado, con meridiana claridad, el filólogo Benigno Fernández Salgado.)

Entre tanto, los altavoces del Progreso continúan impertérritos: —Es igual, que se cansen; la boina es su problema. Nuestro cosmopolitismo de Progreso trasciende la corredoira.

Y don Emilio , pespuntando los límites del pudor, declara ser un «ingenuo por pensar en la crisis mientras otros lo hacían en el Audi.» Pero ¿sabe don Emilio en qué consiste “pensar”, en qué “la crisis” y, más seriamente, en qué “pensar-la-crisis”? Sin duda, don Emilio es… un bromista.

Pertenece a la tierra de Rosalía, la misma que, al propio y paradoxal tiempo, es también la tierra de Julio Camba y Moncho Borrajo. Por eso algunas veces don Emilio está triste, muy triste, con una tristeza que, más que tristeza, es “tristura” de espinazo atravesado por la saudade misma de Ramón Piñeiro; en tanto que otras, con antagónico cambio, practica libre humor de bodeguilla.

Quienes, a mediados de los ochenta, tuvieron ocasión de tratarle en los años de su vicerrectorado —infaustos años para la Universidad de Santiago, convertida a la sazón, por el PSOE gallego, en pocilga de inmoralidades— aseguran que tenía un despacho de escasos tres metros cuadrados no menos escasamente iluminados (¡vamos, un despachito oficial!) desde cuya penumbra atendía las visitas en un esmerado castellano, en el que por otra parte, jamás afloró, me aseguran, atisbo de pensamiento alguno; ni señal, tampoco, que permitiese entrever, en la latente esperanza fenomenológica del socialismo gallego, al nuevo Edmundo Husserl de la crisis del XXI.

Pasaron los años, como en el tango. Y aquel despachito devino cuasipista de pádel; el esmerado castellano, castrapo (cuando no “gallejo” —con “geada”: «“¿Gallejo? Pase, pase mi “amijo”»); y la ausencia del más mínimo atisbo de pensamiento, “¡Pensamiento de la Crisis!”, por supuesto. Ahora bien, más que pensar, lo que se dice pensar la crisis, nuestro Edmundo Husserl del PSdeG-PSOE comenzó a mascullarla en Tenerife, cuando ante España entera tuvo don Emilio la audacia de convertirse en el primer presidente de la Xunta de Galicia que, justo al día siguiente de perdidas las elecciones y con miles de gallegos sumidos en la más perentoria necesidad material, prefirió cambiar la tormenta problemática de sus paisanos por el tranquilo solaz de un hotel de cinco estrellas bajo calorciño tinerfeño.

Avezado imitador de Zapatero ahora, como antes lo fue de González, don Emilio no miente, sino que dice, solamente, verdades incompletas: «fui un ingenuo por pensar en la crisis mientras otros lo hacían en el Audi.» Cierto, pero no en la crisis de sus paisanos, sino en la suya propia: su propia e irreductible crisis biográfica, devenida a su vez de la crisis personal de unos principios corrompidos.

Esa crisis que, desde que le retiraron la Cátedra de Economía Aplicada (por entender las autoridades que lo hicieron que estaba aplicada, con efecto, tanto a sí mismo como a su propio medre y Progreso), permaneció, soterrada, en el olvido, como esos cadáveres que a la postre acaban mostrando su putrefacción inocultable, por más cal viva que los sórdidos periódicos del pesebre galaico se empeñaron en echarle encima. Los mismos periódicos —del pesebre y del psoebre— cuyos dueños van teniendo la desvergonzada “valentía” de “protestar” —ahora, claro. “¡Tarde piache!”.

Así pues, a protestar toca. Yo también protesto, singularmente, contra esta harina de tan parejo y fariseo costal. Y seguiré protestando, si me lo permiten, desde mi exilio crítico-literario, en este aún no apesabrado Periodistadigital, presentísimo ejemplo de respeto y libertad.

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R. Malestar Rodríguez
www.castaparasitaria.com
rmalestar[@]gmail.com
(23/03/09)

Autor

Roberto Malestar Rodríguez

Roberto Malestar (Vigo). Heterodoxo; filósofo —licenciado, graduado y doctorando en filosofía por la Universidad de Santiago de Compostela. Publicista, ensayista y articulista. Es, además, letrista e intérprete de tangos, folclore hispanoamericano y otros géneros.

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