José Cavero – Se pospone la marcha de Kosovo


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Aunque Bernardino León, hombre fuerte de la Moncloa, hubiera dicho que se había pasado página en el conflicto suscitado por el anuncio súbito de que España dejaría Kosovo en el plazo de seis meses, sin encomendarse a nadie ni consultar a los aliados sobre la oportunidad del momento, es evidente que la decisión ha suscitado una controversia muy amplia. No es que haya partidarios y contrarios de irse, pero la cuestión ha llegado a merecer tal consideración de controversia de primera magnitud, que desde la jefatura del Gobierno se ha meditado acerca de la oportunidad de posponer la marcha.

La misión, por consiguiente, no está concluida, pese a lo anunciado por la ministra Chacón, que a algunos aparece como la responsable última del error y de su reconsideración, por más que una decisión de esa envergadura es difícil que sea adoptada por un miembro del Gobierno y sin el conocimiento de Zapatero. ¿Qué falló, por tanto? Desde luego, fallaron las formas. El hecho de que los embajadores de Washington y de la OTAN se enteraran por la prensa, y de parecida manera sucediera con la Casa Blanca o con el mando de la OTAN y con los restantes aliados, fue una metedura de pata formidable y sin precedentes. Y no bastará con proclamar que «todos lo sabían»…

Al principal partido de la Oposición se le ha brindado en bandeja la ocasión de atacar con severidad la decisión del Gobierno, por más que en sus propias filas, las del PP, se pudieran advertir evidentes grados de satisfacción en algunos diputados. Es difícil encontrare a alguien partidario de que esas tropas españolas se mantengan mucho tiempo más en Kosovo, pero casi todos coinciden en apreciar que la decisión de irse se anuncia con antelación y sin dar sustos a nadie. La independencia unilateral declarada por Kosovo se hizo contra la oposición de una buena parte de los aliados de la OTAN, y sólo por el patrocinio de Bush, en su deseo de ampliar el número de aliados del antiguo bloque soviético. Pero sin reparar en los problemas que originaba en distintas naciones europeas donde se producen, desde tiempo inmemorial, inclinaciones y brotes de independentismo.

De otro lado, cuando haya pasado este temporal político, y finalmente España retire las tropas de Kosovo, se sabe ya que, por lo menos una parte de esos más de seiscientos efectivos, serán destinados a Afganistán, donde, por consiguiente, se reforzará considerablemente la presencia y participación española en la lucha contra los talibanes fanáticos, para impedir el avance que éstos han venido logrando en los últimos tiempos, en buena medida por errores de los aliados.

Cosa distinta será si España podrá modificar algunos de los criterios que «el amigo americano» aplica a la presencia de las tropas de la OTAN en Afganistán, que a varios países aliados les parecen perfectamente erróneos y contraproducentes: frente a los bombardeos indiscriminados que han favorecido los americanos, varios aliados europeos proponen una actuación social y benéfica, mucho más activa en hospitales y escuelas. Pero hasta el momento, las propuestas de los aliados no americanos han sido escasamente tenidas en cuenta por el mando de la Alianza.

JOSE CAVERO

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