Fernando Jáuregui – La gente va por un lado, los políticos por otro.


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Paseo por el Congreso de los Diputados. Enorme revuelo en todos los grupos. ¿Qué hará el presidente? Todas las miradas se dirigen, expectantes, hacia José Luis Rodríguez Zapatero. La esfinge de La Moncloa. No hacer nada, o hacer poco, es casi más difícil, con la que está cayendo, que dar algún paso importante, aun a riesgo de equivocarse.

He apostado más de una vez -desde las últimas elecciones generales_ por un acuerdo de amplio espectro entre el PSOE y el PP, un acuerdo que podría llegar a plasmarse incluso en un gobierno de gran coalición. Es esta una buena idea para mucha gente, dicen los sondeos, pero, parece, no para nuestros políticos. Para ninguno de los estados mayores de los dos grandes partidos. Y para los nacionalistas aún menos, desde luego. Aunque los ciudadanos, en las encuestas, apuestan con entusiasmo por el Gran Acuerdo en todos los temas candentes, desde la crisis económica hasta la reforma constitucional.

Entonces, si no da el gran paso, ¿qué hará ZP? Obviamente, una crisis de gobierno. Eso, para empezar. El patinazo de Carme Chacón anunciando, de manera precipitada, la retirada de las tropas españolas en Kosovo ha mostrado, por si hiciera falta, los agujeros de coordinación en el equipo ministerial de Zapatero; y eso, independientemente de que el «tema Kosovo», como los trajes de Camps o tantas otras cosas coyunturales que agitan la veleta de la opinión pública, vaya a pasar al olvido de forma casi inmediata.

Hay que hacer retoques urgentes en el elenco ministerial, y no son pocos los que opinan que no se debe esperar hasta el previsto debate sobre el estado de la nación, a finales de junio, para hacer cambios en el banquillo. A partir de ahí, imagine cada cual qué ministros deben quedarse, cuáles irse.

Los «tempos» de Zapatero son inescrutables, pero a mí me parece que las cosas han de acelerarse: adelantar el debate sobre el estado de la nación -en junio, si los socialistas pierden las elecciones europeas, puede ser peor_ y prepararse, quién sabe, para una eventual moción de censura presentada por el PP, aunque, a corto plazo, los «populares» lo demienten.

En todo caso, va a haber una buena movida política. Sin que pueda descartarse que, si no encuentra apoyos en el Parlamento, ZP pudiera sentirse tentado de adelantar las elecciones, aunque esa posibilidad, para quien conozca un poco al presidente -lo que no es tan fácil–, parece la más remota de todas.

En fin: permanezcamos atentos a la pantalla porque el programa va a ser apasionante para quienes, profesional o vitalmente, nos constituimos en observadores. Qué remedio nos queda: las cosas, para los políticos, van por un lado. Para los ciudadanos, por lo visto, por otro.

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