Lorenzo Bernaldo de Quirós – Adiós sr. Viñals.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

La dimisión del subgobernador del Banco de España, José Viñals, ofrece múltiples y variadas lecturas. Por un lado resulta lógico que la oferta del FMI resulte tentadora y constituya una brillante oportunidad profesional; por otra, su salida hacia tierras atlánticas se produce en un momento en el que el sistema financiero español se enfrenta a una coyuntura muy delicada en la que puede desplomarse una parte sustancial del mismo. Si se tiene en cuenta la impecable trayectoria de Viñals en el antiguo instituto emisor y su prestigio nacional e internacional en los ámbitos económicos y financieros, es muy difícil calificar su marcha en términos frívolos. Uno no abandona el Titanic porque crea que se va a hundir, sino porque quizá existen discrepancias de fondo con el capitán sobre cómo se salva al pasaje, traducido a clave financiera, a como se aborda la crisis del mecanismo de pagos de la economía española.

Guste o no a Viñals, su huida hacia las aguas «washingtonianas» se interpretará como un ejercicio de desconfianza hacia la gestión de la crisis por parte de la cúpula máxima del Banco de España. Planeará la idea de que ésta se aborda con criterios políticos o, peor, sin ningún criterio en lugar de afrontarla con planteamientos técnicos rigurosos. Sea cierta o no lo sea, esta hipótesis flota como una sombra de sospecha sobre la opinión nacional. Desde esta perspectiva, la consecuencia no querida de la dimisión del subgobernador es la transmisión de una imagen clara: las cosas están fatal y corren el serio riesgo de ir peor. Cuando en medio de la tormenta, uno de los capitanes abandona el barco, cualquier analista objetivo e imparcial piensa eso. Da igual lo que diga Viñals o el Banco de España, la duda subsistirá y el panorama se ensombrecerá aún más.

Ahora, la cuestión es quién será el número dos del Banco de España. Si el PSOE quiere de verdad comprometer a la oposición en la gestión de la peor crisis financiera de la historia de España, como proclama el Sr. Rodríguez Zapatero, lo normal sería ofrecerle la subgobernaduría de esa institución. Eso daría la sensación a los mercados y al país de que PP y PSOE están dispuestos a trabajar juntos en temas de Estado. En medio de una recesión de caballo y con una seria amenaza sobre el sistema financiero, la sociedad española recibiría ese acuerdo con alivio. Si, por el contrario, el Gobierno quiere guisar y comerse el pollo sólo, parecerá que está dispuesto a politizar la gestión de la debacle o a no enfrentarla para evitarse líos. Mafo corre el riesgo de transformarse en el Solbes de las finanzas que consiste en negar la crisis hasta que ésta estalla y luego ya veremos.

En este sentido, la fusión entre Unicaja y Caja de Castilla-la Mancha es un pésimo precedente. ¿Si la entidad presidida por Moltó está tan bien por qué se pide dinero al Banco de España para llevarla a cabo? Este puede ser el comienzo de una retahíla de integraciones entre «zombies» y vivos para ocultar la realidad. El problema es que ésta termina por imponerse.

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