Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Entre Obama y Arantza


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

DE MANOS Y ABRAZOS EN LA CUMBRE

Claro que la primera vez que Barack Obama, como presidente de los Estados Unidos, acude a Europa, se producen informaciones anecdóticas, chismes intrascendentes que contrapesan la gravedad de los temas que se tratan. Que si Michelle abrazó a la hierática reina de Inglaterra; que si a Sarkozy se le van las manos en busca de la anatomía de su adorada esposa, Carla Bruni; que si todos los líderes del G-20 han sucumbido al encanto patente del hombre más poderoso del mundo, en una suerte de «obamamanía»… Estas han sido las imágenes de la semana, más que las fotografías oficiales. Pero lo importante es, desde luego, que esta semana que ahora concluye quizá haya puesto los cimientos de un nuevo orden mundial. No todavía, pero estamos, como en el proceso de Bretton Woods, como en los primeros pasos que forjaron la Alianza Atlántica, poniendo los cimientos. Unos cimientos que no llegarán al tejado hasta dentro de algunos meses.

Todos salimos de esta semana con la impresión difusa de que nada va a ser del todo igual a como era antes, aunque tampoco va a ser tan, tan, diferente… por el momento. ¿Todos? Veremos cómo es el regreso a casa de José Luis Rodríguez Zapatero, tras haberse emborrachado con las glorias exteriores en Londres, Estrasburgo, Praga -abrazo con Obama incluído-, Estambul… Quién sabe si ZP ha entendido el mensaje y prepara sus propios cambios domésticos, que buena falta hacen.

Porque forzoso es decir que los rumores circulan por doquier en el sentido de que el presidente español prepara una remodelación ministerial que sería, más bien, un terremoto. Cuándo lo haga es harina de otro costal; tratará de aplazar la crisis todo lo que pueda -y todo lo que pueda será, como máximo, hasta julio-. Pero la crisis está ahí. No hay más que ver los roces entre departamentos ministeriales, para no citar la forzosa inactividad en algunos de esos departamentos.

DE TROPAS Y FALSIAS

Procuraré no llegar hasta el extremo de decir que el Gobierno a veces nos miente; seguramente no hay voluntad de engañar a la opinión pública -y ya se sabe que mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar-. Pero sí se toma a la ciudadanía como una menor de edad amnésica, que no recuerda que varios ministros y el propio presidente Zapatero dijeron que no habría aumento en el número de tropas españolas en Afganistán. De eso han pasado unos pocos meses y miren que lo advertimos: pues claro que enviaremos más tropas a Afganistán, y encima a una zona más peligrosa que la actual. Y, para colmo, evidenciando una total descoordinación entre la vicepresidenta De la Vega, el ministro de Asuntos Exteriores Moratinos y la titular de Defensa Chacón: cada cual dice una cosa, demostrando que no hay mucho contacto interno entre ellos. Si Obama sugiere que hay que enviar más tropas, pues se envían: eso es algo que todos los españoles entenderían, en lugar de tantas y tan enrevesadas explicaciones que sugieren, diría Freud, una mala conciencia.

Lo ocurrido entre el precipitado anuncio de la retirada de tropas en Kosovo y los variados avisos de que más tropas irán a Afganistán constituye una muestra más de que algo no está funcionando bien en el engranaje del Ejecutivo. Una más, porque de cómo andan las relaciones entre el vicepresidente económico y los ministros de Industria y Trabajo -ahora que caen chuzos de punta- ya hemos tenido muestras suficientes. O podríamos hablar de las controversias entre otras carteras, como Igualdad y Sanidad, Ciencia e Innovación e Industria, Cultura y Exteriores, Educación y Universidades… Dicen que hay algunos ministros que se saludan apenas con forzada cortesía y otros no se recatan a la hora del alfilerazo, en conversación privada, dirigido al colega del Consejo.

Las cosas están así, y resulta absurdo negarlo, aunque la verdad es que nadie lo niega, ni lo afirma, porque el Gobierno comunica más bien poco. A mí, personalmente, reconozco que me asusta algo que salgan el «número uno» y la «número dos» del Gobierno diciendo una cosa acerca de la fecha para el fin de la crisis y a continuación llegue el gobernador del Banco de España -que, encima, suena en algunas quinielas como ministrable de Economía- y les enmiende, para mal, la plana.

¿POR DONDE SALDRA RAJOY?

Pues eso: que ZP tendrá que salir con algo nuevo. Ya ni siquiera se molesta en tratar de tapar los agujeros de casa con ataques al Partido Popular, y eso que allí tampoco se viven grandes momentos que digamos. El PP está dividido acerca de la conveniencia de seguir defendiendo a su tesorero, Luis Bárcenas, acusado de corrupción por el juez Garzón, o permitir su defenestración, quizá vía una dimisión al uso, de esas que se justifican en no perjudicar al partido mientras el imputado prepara su defensa jurídica.

Lo menos que se puede decir en estas circunstancias es que Mariano Rajoy, de probada honestidad, está llevando este asunto de la manera más desastrosa posible: rehuyendo a los periodistas en los pasillos de las Cortes, dificultando la comunicación con los medios y empleando frases de sentido equívoco. Siempre he dicho que Rajoy será, pese a sus enemigos internos y a ciertos gurús mediáticos que se emplean a fondo contra él, el candidato del PP en 2012 frente al candidato socialista de que se trate (seguramente, el mismo Zapatero); pero ahora empiezo a pensar que, si no cambia de estrategia, el gallego puede quedar apeado de la competición gracias a los desmanes de algunos de sus correligionarios que no han sido embridados a tiempo. Y me refiero, sobre todo, a las corruptelas, pero también a las conspiraciones.

ROSTROS NUEVOS

Y, sin embargo, hay cantera, rostros nuevos. En el PSOE y en el PP. La imagen de Arantza Quiroga, elegida presidenta del Parlamento vasco, es una muestra esperanzadora de que hay posibilidades de cambio, de que las cosas pueden hacerse de manera diferente. Es decir, tan bien como lo han hecho, hasta ahora, el socialista Patxi López y el popular Antonio Basagoiti. Claro que la vida de Quiroga, de López, de Basagoiti, de los Ares, Eguiguren, Oyarzábal, no va a ser fácil a partir de ahora.

Ahí está esa huelga política -también los de ELA y LAB toman a la opinión pública por idiota, negando lo incontrovertible, es decir, el carácter exclusivamente político del paro- convocada por los sindicatos nacionalistas vascos para el día 21. Y no se pierda usted los mensajes que escucharemos dentro de una semana, en el Aberri Eguna. Porque lo de siempre, lo que se ampara en Dios, las leyes viejas y lo que ha sido siempre costumbre -y ojo, que no hablo solamente de los más montaraces del PNV-, está ahí, enrocado, resistiéndose al cambio.

FERNANDO JAUREGUI

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