Cayetano González – Crisis de Gobierno


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

El Presidente del Gobierno tiene sobrados motivos para estar «indignado» con la filtración hecha desde sus propias filas el pasado domingo por la tarde –en pleno éxtasis presidencial por haber conseguido la ansiada foto con Barack Obama– de que iba a llevar a cabo a comienzos de esta semana una profunda crisis ministerial. Una crisis que implicaría la sustitución del Vicepresidente económico Pedro Solbes por la actual Ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado, y la incorporación al Gabinete del número dos del PSOE, José Blanco y del presidente del partido y de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves.

No hace falta haber estudiado en Harvard, para saber que desde el punto de vista de la política de comunicación, esta filtración ha sido un auténtico «fiasco». En primer lugar ensombrece, informativamente hablando, la histórica foto de Zapatero con Obama. En segundo lugar, le coge al Presidente fuera de España, con lo cual, la imagen que se da de descontrol y de falta de seriedad sobre una cuestión que es competencia exclusiva de él, es enorme. Pero quizás el error inicial esté en el propio Zapatero al haber comentado estos posibles cambios con una serie de personas de su partido y de su entorno para posteriormente cogerse el avión e irse a la cumbre del G-20 y de la OTAN, pensando que le iban a guardar el secreto. Los cambios de gobierno hay que hacerlos en cuestión de muy pocas horas –las estrictamente necesarias para comentárselas a los interesados y al Rey– o sino, pasa lo que pasa.

Si una vez superado el «cabreo», el Presidente lleva a cabo en los próximos días los cambios anunciados y quizás alguno más, estará reconociendo explícitamente que cuando no ha transcurrido ni un año desde el nombramiento de los actuales ministros, encabezaba un gobierno absolutamente quemado por mor de la crisis económica y por la tardanza de sus responsables, empezando por el propio Zapatero, en reconocerla. Un gobierno quemado –del que ya tuvo que salir el ministro Bermejo tras su cacería con Garzón– también porque algunos de sus miembros cometen error tras error y otros, ni están ni se les espera: son unos absolutos desconocidos para la opinión pública.

Si al final, Zapatero incorpora a Blanco y a Chaves al ejecutivo, estará reconociendo que necesita un Gobierno más político de cara a afrontar las elecciones europeas de junio, la soledad parlamentaria en la que el ejecutivo se encuentra inmerso y la propia crisis de identidad y de confianza que el Presidente y el PSOE empiezan a sufrir en sus propias carnes. Si a su vez se confirma el nombramiento de Elena Salgado como Vicepresidenta económica, estaremos ante una sorpresa mayúscula y una apuesta muy arriesgada porque a la actual Ministra de Administraciones Públicas no se le conoce un especial oficio ni beneficio para liderar el área del Gobierno mas delicada y sensible en unos tiempos tan convulsos. Pero, en cualquier caso, habrá que esperar a que Zapatero diga la última palabra sobre algo que es de su exclusiva responsabilidad aunque alguno de los suyos le haya jugado una mala pasada.

Cayetano González

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