Antonio Casado – Zapaterismo a la baja.


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

La reciente crisis ministerial proyecta, a mi juicio, una alarmante fatiga de materiales en el proyecto político encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero. El síntoma es la falta de frescura. O, dicho de otro modo, la pérdida del encanto fundacional del llamado «zapaterismo», siempre a caballo entre la política y la demoscopia.

La foto fija del mal que lastra en estos momentos la causa de los socialistas incluye la recesión económica, la inestabilidad parlamentaria y la debilidad de liderazgo. Y eso no se arregla con un juego de sillas en el equipo de Gobierno.

Peor que peor si encajan en el mismo centímetro cuadrado de la crisis ministerial dos elementos contradictorios. Por un lado, el mensaje oficial que relaciona esos retoques con la necesidad de darle un nuevo impulso político. Y por otro, que la representación visual de ese nuevo impulso sea la figura de Manuel Chaves, el decano de los gobernantes españoles.

Tampoco la llegada a la Vicepresidencia Económica de Elena Salgado, otra socialista de primera generación como Chaves, puede ser el heraldo de la reanimación en un Gobierno sin pulso. Salvo que se destape como el arma secreta de Rubalcaba para detener la destrucción de puestos de trabajo. Si no es así, más vale asumir con naturalidad que este nombramiento sólo pretende dar por terminado el particular vía crucis político de Solbes al frente del Ministerio de Economía y Hacienda.

Más interés tiene la designación de José Blanco como ministro de Fomento. Se trata de poner en manos del número dos del PSOE el control político y mediático del poder inversor del Estado. Pero tampoco se dan las condiciones para rentabilizar las obras públicas si, como sabemos, las arcas públicas están vacías y el recurso al déficit no da más de sí.

Lo demás es pedrea. El resto de los nombramientos (Gabilondo, Trinidad Jiménez y González Sinde) es perfectamente irrelevante. Y, por supuesto, el conjunto de los cambios nunca podría justificarse en la necesidad de afrontar los desafíos de la crisis económica con «nuevo impulso» y «mayor fortaleza», según las explicaciones del presidente desgobierno cuando el martes pasado explicó la remodelación de su equipo.

Por cierto, unas explicaciones demasiado retóricas. Zapatero habló del «tránsito entre dos épocas históricas» como una de las razones que han hecho necesaria «la formación de un Gobierno fuerte para ganar el futuro». Como si el equipo anterior hubiera sido débil y chapado a la antigua, a pesar de no haber cumplido siquiera su primer año de vida. Un verdadero despropósito.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído