Consuelo Sánchez-Vicente – Para hacer ¿qué?.


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

De los famosos cien días de gracia no queda ni rastro, al nuevo gobierno no se le ha dado ni una hora. Y es natural. No está el patio político para rituales. El deterioro de la economía va más rápido que las medidas para paliarlo; del consumo privado, de las cuentas del reino, del paro… En el sector inmobiliario el empleo está al borde del colapso y en el sector servicios aun peor. En la construcción ya van 800.000 empleos perdidos, en el servicios dos millones. Lo bancos no prestan, los inversores no invierten, y el único gasto es el de las Administraciones Públicas… y encima con cargo a la deuda. Con una media de incremento del paro de seis mil personas al día desde hace siete meses, a nadie puede sorprender que el último informe del Banco de España pronostique una tasa de desempleo del 19 por ciento, números rojos en el Estado por encima del 8 por ciento, y un tres por ciento de caída del PIB –el doble que el gobierno– para este 2009, y concluya que no se observa síntoma alguno de recuperación hasta 2010.

Que en estas circunstancias, con la ruina que sabemos que tenemos encima, todo lo que se le ocurra al ya ex vicepresidente económico Solbes sea que la crisis, debería tocar fondo en el primer trimestre, o en el segundo, o en el tercero de 2009, habla por sí solo de su agotamiento político. Pero, ¿era Solbes el problema? Y los demás, los ministros y ministras relevados en la que debía haber sido la «semana mágica» de Zapatero, ¿hacían algo más que seguir las directrices políticas, cada cual en su ámbito de responsabilidad, que les marcaba su presidente? ¿El problema era de nombres, o de política?

La cuestión, desde mi punto de vista, no era el quién sino no el para qué, para hacer qué se elige a fulano o a mengana ministro o ministra. Y eso no lo deciden los vicepresidentes ni los ministros. Sobre la capacidad y la idoneidad del ex vicepresidente Pedro Solbes para el cargo que ocupaba, por centrarnos, yo albergo menos dudas que las que me suscitan las de su sucesora, la vicepresidenta Elena Salgado. Solbes tiene experiencia y prestigio reconocidos como gestor no solo en nuestro país. Fue un buen comisario económico de la UE. Aunque lleva un año que parece que no se entera, saber sabe.

La descomunal apuesta por el gasto público de Zapatero, simplemente, no está produciendo un beneficio proporcional, y no hay visos de las reformas estructurales prometidas -la de la productividad, la tributaria, la del mercado laboral…- ¿Mejorará el paro, que es lo que importa, con Salgado? Yo creo que sólo si Zapatero cambia de política.

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