Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Viejo Gobierno para nueva era


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

ZAPATERO ¿TIENE BANQUILLO?

Las dos preguntas que quedan sin responder tras la formación del nuevo Gobierno son:¿por qué Manuel Chaves en la vicepresidencia autonómica? y ¿por qué Elena Salgado en la vicepresidencia económica?. Los resultados de esta jugada de ajedrez, tan extraña, de Zapatero los vamos a ver inmediatamente. Porque ya esta semana que comienza el tren de la nueva era, se va a poner en marcha a toda velocidad, con una sesión plenaria en el Senado en la que la oposición va a intentar poner a prueba al flamante elenco de ZP. ¿Pasarán esta prueba «los nuevos»?. Y ¿pasarán la prueba de los «segundos escalones»?

Lo cierto es que la remodelación ministerial anunciada el pasado martes no ha suscitado tantas críticas como desde La Moncloa, consta, se preveía. Zapatero hizo sus cambios sabiendo que una parte de la sociedad le criticaría por no atreverse a ampliar el espectro del PSOE a otros campos políticos. Y perfectamente consciente, claro está, de que la llegada del ya ex presidente andaluz y presidente del partido, no iba a gustar demasiado ni a tirios ni a troyanos, y que iba a ser saludada por la oposición, y también por la oposición mediática, como una «involución».

Al tiempo, parecía difícil que todos coincidiesen en la bondad del experimento que consiste en colocar a alguien ajeno a la «tradición económica», como Elena Salgado, en un puesto clave para afrontar la crisis que tiene el aspecto de ir a empeorar, al menos durante los próximos meses. Pero ya digo que han sido voces aisladas (quizá por la época vacacional, quién sabe) las que han arremetido contra el nuevo equipo. Aunque también es cierto que, a partir del lunes, los «nuevos» (y los que ya estaban) van a tener que demostrar muchas cosas.

CHAVES, COMO SIEMPRE

A priori, me atrevo a decir que Manuel Chaves no ha entendido el mensaje. Se va a Madrid con todo el séquito, sin saber que ni Gaspar Zarrías es el mismo en el Gobierno central que en su cortijo de siempre, ni su jefe de prensa, por poner apenas un ejemplo, podrá funcionar con los mismos moldes con los que lo ha hecho hasta ahora. Chaves llega para ocuparse de una parcela trascendental, como es la armonización autonómica y parar la rebelión de las exigencias de financiación y debería haber evitado caer en la equivocación en la que ha caído su jefe: mirar hacia dentro, y no hacia fuera.

Chaves ha hecho su equipo andaluz, como si siguiese instalado en Sevilla. Lo van a mirar con recelo en la Cataluña del PSC y hasta en el País Vasco del PSE, para no hablar ya de la Castilla y León del PP. El tema es importantísimo, ya digo, y admite pocos elefantes en una cacharrería abarrotada de egoísmos, incomprensiones y falta de sentido del Estado. Chaves tiene sentido del Estado y también sentido común: me ha extrañado ese primer error de no querer prescindir de «los suyos de toda la vida». Y el segundo de dejar desguarnecido el «aparato» andaluz, ante unas elecciones autonómicas que van a ser muy difíciles, acaso por primera vez, en Andalucía; a menos, claro está, que los sondeos mostrasen inequívocamente que la permanencia del tandem Chaves-Zarrías era ya, veinte años después, caballo perdedor.

SALGADO, LA INCOGNITA

Lo de Elena Salgado es otro cantar. Hace tiempo que admiro su voluntad férrea para no desviarse ni un milímetro del camino que se ha trazado. Su avara economía de palabras triunfalistas (o derrotistas: de hecho, su expresión es más bien parca). Su absoluta falta de ambición política: Zapatero tuvo que convencerla para que aceptase ir en las listas en esta legislatura, después de que se atreviese a decir en público que ella se bajaba del autobús.

Si un economista es, en definición de Galbraith, alguien que explica con brillantez por qué se equivocó en sus predicciones, no parece del todo malo que Salgado, que tiene el título pero no la teoría ni la práctica, haya llegado a la vicepresidencia económica. Sobre todo, cuando los sempiternos expertos se enzarzan en debates acerca de recetas contradictorias para salir del bache. El sector económico del Gobierno necesita una personalidad fuerte que temple, mande y evite que el equipo meta goles en la propia portería.

A Solbes le metieron varios de estos goles, entre otros, «su» mismísimo ministro de Industria. Que, por cierto, esta semana, nada más concluir el Consejo de Ministros de la «nueva era» intentaba uno de sus golpes de mano, dando por aprobada, en nota de su Ministerio, la TDT de pago. Para, seis horas después, tenérsela que envainar, ante las protestas de un sector mediático, emitiendo una nueva nota en la que se reconocía que las TDT de pago no podían ser aprobadas al margen del Consejo de Ministros (y del «Boletín Oficial del Estado»).

Tengo para mí que a Salgado no le ocurrirá con Sebastián como a Solbes, por mucho que el mismísimo Zapatero trate de desmentir que el titular de Industria, amparado personalmente por el presidente, haya sido un Via Crucis para el ex vicepresidente económico. De hecho, en su rueda de prensa del martes para dar a conocer la lista del gobierno, ZP negó tajantemente con la cabeza, a una pregunta que yo le hice, la existencia de diferencias entre Solbes y Sebastián, pareciendo incluso sorprenderse de que alguien le interrogara al respecto. Ay, si Pedro Solbes, que ha sido la lealtad personificada, llegase a escribir unas memorias sinceras, como ya le tienta a hacer alguna editorial…

LOS SEGUNDOS ESCALONES

Otra cosa es cómo reciba «el sector» a Salgado. Hasta ahora, prudencia en la CEOE, en los sindicatos, en la banca, en la industria. Salgado no es precisamente la extrema izquierda del PSOE (no sé siquiera si ha llegado a afiliarse formalmente). Lo que sí se sabe es que los «segundos escalones» de Economía y Hacienda la han acogido de uñas, y el secretario de Estado de Economía, David Vegara, muy ligado a Solbes y que aspiraba a ocupar la vacante de su jefe, ya ha dicho que se marcha dentro de un mes, aunque parece que la voluntad inicial de la nueva vicepresidenta era mantenerle, al menos por un tiempo.

Porque el primer «test» de esta nueva andadura del Gobierno va a ser, precisamente, la elección de esos «segundos escalones». Por ejemplo: ¿quién ocupará la Secretaría de Estado para Iberoamérica que deja vacante Trinidad Jiménez (ascendida nada menos que a ministra de Sanidad, para pasmo, ahí sí, del sector)?. O también: ¿seguirá en el puesto el director del CNI, cuyo mandato vence el próximo día 20? ¿Quién ganará en la pugna por mantenerlo o relevarlo? Y claro: ¿a quién elegirá Salgado como sustituto/a de Vegara en el «número dos» de Economía? Las respuestas a estas preguntas también pueden orientarnos acerca de muchas de las inquietudes que ahora, conocido el equipo con el que Zapatero tratará de llegar hasta las elecciones generales, nos embargan.

FERNANDO JAUREGUI

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