Cayetano González – La indecencia del PNV.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Las intervenciones del lehendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, y del presidente del PNV, Iñigo Urkullu, durante el «Aberri Eguna» (Día de la Patria Vasca) celebrado el pasado domingo en Bilbao, pusieron de manifiesto la falta de decencia democrática de este partido, incapaz de mostrar su solidaridad con los amenazados por ETA. No hicieron la más mínima referencia a la amenaza que la víspera del «Aberri Eguna» la banda terrorista había vertido en un comunicado contra el futuro Gobierno de Patxi López, al que señalaba como «objetivo prioritario», amén de tildar a dicho Ejecutivo de «gobierno del fascismo» y al futuro lehendakari de «caudillo». Ibarretxe se limitó a decir que «ETA sobra», como si se tratara de una compañía no deseada o esperada en una reunión de amigos.

Lejos de mostrar su solidaridad con el PSE y con el próximo lehendakari, tanto Ibarretxe como Urkullu se dedicaron a deslegitimar el próximo Gobierno vasco que va a presidir Patxi López, demostrando que les está costando muchísimo digerir el hecho de que, aunque el PNV fuera el partido más votado y con más escaños el pasado 1 de marzo, no ha conseguido concitar la mayoría necesaria para poder gobernar, algo que sí han logrado el PSE y el PP. Lo grave de esta actitud de los dirigentes del PNV es que dan argumentos a ETA para que la banda piense que sus amenazas mafiosas ante el cambio que se avecina en Euskadi tienen algún fundamento y alguna razón de ser.

Esto no es nuevo y llueve sobre mojado. Cuando en febrero del 2000 ETA asesinó en Vitoria al portavoz del PSE en el Parlamento Vasco, Fernando Buesa, y a su escolta, los dirigentes del PNV de entonces, con Arzalluz a la cabeza, convirtieron la manifestación de repulsa de dicho atentado en un acto de afirmación y de arrope al lehendakari Ibarretxe. Todo porque éste había tenido que abandonar la catedral de la capital alavesa por la puerta de atrás ante la indignación popular que había contra el PNV que dos años antes había hecho un pacto con ETA en Estella.

Todos estos comportamientos reafirman la necesidad urgente de un cambio político y social muy profundo en Euskadi. No lo va a tener fácil el Gobierno de Patxi López. El nacionalismo gobernante durante casi treinta años y toda la izquierda abertzale están que braman ante la llegada de un lehendakari constitucionalista a Ajuria-Enea. Por cierto, el actual presidente del PNV, en una muestra de sectarismo y de falta de respeto al que piensa diferente, ha advertido del hecho de que la bandera de España vaya a ondear en el Palacio presidencial como si se tratara de un delito. Tendrán que ir acostumbrándose a que la legalidad se cumpla, a que los terroristas de ETA sean perseguidos y detenidos por la propia Policía Autónoma; a que el euskera no se imponga por decreto-ley; a que no se esté cuestionando permanentemente la estabilidad institucional del País Vasco. En fin, el PNV tiene que acostumbrarse a tantas cosas que seguro que le viene muy bien estar una larga temporada en la oposición. Desde luego han hecho méritos más que sobrados para ello.

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