Antonio Casado – Una mirada hacia Cuba.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Hay inteligencia pero también hay eficacia en la distensión cubana decretada por el nuevo presidente de EE.UU. Basta tomar nota de la hostil reacción de Fidel Castro al saber que, en vísperas de la Cumbre de las Américas, este fin de semana en Trinidad, Obama había decidido levantar las restricciones sobre el envío de remesas y los viajes de personas a Cuba.

El máximo dirigente del régimen cubano, postrado pero aún omnipresente en la política de la isla, ha dicho que no admite limosnas sino respeto, trato de igual a igual y total supresión del embargo comercial y otras limitaciones derivadas del histórico bloqueo decretado por Kennedy en 1962.

Debería saber Castro, y tal vez lo sabe, que perderá la coartada si se suprimen totalmente las restricciones derivadas de aquella decisión. De momento, con el levantamiento de las restricciones para transferencias de divisas y traslado de personas a la isla ya se debilita el recurso al enemigo exterior. Con más motivo si, como hemos comprobado, los cubano-americanos se muestran felices con estas medidas de Obama.

El asunto tiene derivada en la política española. Nos remite al acierto de la doctrina Moratinos sobre Cuba: acercamiento e interlocución. Con el consiguiente contagio a la política común europea. De hecho el proceso de normalización de las relaciones de la UE con Cuba ha sido liderado por España. Su efecto más visible fue la reanudación de la cooperación bilateral en octubre de 2008, ya sin condiciones, tras una serie de pasos previos, como la congelación en 2005, a petición del Gobierno Zapatero, de las sanciones que había impuesto la UE por el encarcelamiento de 75 disidentes en 2003.

La doctrina Moratinos sobre Cuba siempre sostuvo que el embargo sólo había servido para inducir el enroque del castrismo. El análisis español impuso la diplomacia del diálogo a toda costa, a la espera de eventuales acontecimientos como el colapso del régimen o un golpe de timón en la política de la Casa Blanca. Estamos en el segundo caso. En estas circunstancias, es máxima la capacidad de interlocución de España en las relaciones de Cuba con EE.UU. y la UE. Gracias a una meritoria labor del ministro Moratinos y su equipo, que ha incluido un creciente nivel de consenso con el PP, fundamentalmente a través de Gustavo de Arístegui, portavoz de este partido en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso.

Sostiene Arístegui que el PP siempre fue contrario al aislamiento del régimen cubano. Hombre, siempre no. Quienes tenemos memoria no olvidamos las posiciones de dureza con el régimen cubano adoptadas por el Gobierno Aznar, tributarias de las del Gobierno Bush. Afortunadamente, eso ya es historia.

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