Isaías Lafuente – Ni a su padre…


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

El tiempo da y quita razones de forma inexorable. Durante la pasada legislatura se alimentó hasta la saciedad el discurso de que con el proceso de diálogo con ETA el Gobierno acabaría rompiendo España, vendiendo Navarra y claudicando cobardemente ante los terroristas. Nada de eso se cumplió. El tiempo evidenció las falacias y, políticamente, los ciudadanos revalidaron el mandato de Zapatero y han permitido que Patxi López, a quien algunos quisieron enviar a la cárcel hace unos meses por sus conversaciones con Batasuna, pueda ser lehendakari de un Gobierno inédito en la historia del País Vasco.

Paradójicamente, lo único que se rompió fue el PP en Navarra. Sólo quedaba cribar la última tesis, aquella que defendía que el proceso de diálogo había fortalecido a una ETA que estaba acorralada. La eficaz acción policial contra la banda terrorista en los últimos meses, que ha permitido detener sucesivamente a sus cuatro últimos jefes, demuestra que durante la tregua el Estado trabajó en una doble dirección: la del intento de diálogo y la del control de los terroristas, por si aquello fallaba.

Quienes aspiren a entrar en ETA ya saben que seguramente serán detenidos antes poder realizar su bautismo de sangre. Y quienes luchen por hacerse con el mando de la organización saben que difícilmente podrán celebrar el aniversario de su mandato. Si ETA se rigiera por los criterios de una empresa cotizada en bolsa no habría podido sobrevivir al desastre de la gestión de sus últimos consejos de administración, a la fuga de clientes y al desprecio social creciente que inspira su marca.

Es evidente que, tan cierto como ésto, es que mientras haya un terrorista con un arma en la mano la amenaza penderá sobre nosotros. También lo es que entre los cachorros de ETA siempre habrá individuos refractarios a la razón. La detención en la última operación policial de Olaritz Aracama, hija del terrorista Ignacio Aracama, Makario, uno de los históricos que, junto a Francisco Múgica, Pakito, firmó hace unos años una carta en la que reconocían la inutilidad de la violencia y la vulnerabilidad de la banda frente al Estado, demuestra que algunos de estos jóvenes fanáticos no hacen caso ni a su padre. Son libres de hacerlo, pero a estas alturas ya deben tener claro que cuando el ministro Rubalcaba, tras la detención de un jefe de ETA, afirma que ya están buscando al siguiente no está manifestando un deseo, está aportando un dato.

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