Pedro Calvo Hernando – Grandeza y pragmatismo.


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

La visita de Estado del presidente Sarkozy a Madrid, al margen de frivolidades y rosaledas, por lo demás legítimas, se inscribe en el marco de las excelentes relaciones políticas y económicas entre dos grandes países europeos, tantas veces abrazados y enfrentados en la Historia como cualesquiera Estados vecinos que se precien. Sarkozy y Zapatero han cumplido muy bien su papel de máximos responsables de Francia y de España, han demostrado que no es tan difícil entenderse bien pese a las diferencias ideológicas y han sido capaces de orientar las relaciones por los caminos de la grandeza, de la generosidad y del pragmatismo. En definitiva, en estos dos días han prestado un servicio muy importante a las instituciones y a los ciudadanos de ambos lados de los Pirineos, algo digno de todos los elogios en los tiempos que corren. En el lado práctico, para España es de un extraordinario interés el apoyo francés en la lucha contra el terrorismo y para la presencia de nuestro país en los foros mundiales en los que todavía no estamos oficialmente incorporados.

Mi opinión personal sobre Nicolas Sarkozy se ha ido modificando desde aquellos años en que era ministro del Interior, con una gestión muy criticada y criticable. No voy a decir que se haya convertido en una personalidad progresista y admirable. Pero creo que es justo reconocer que su paso por el poder en los últimos años le ha modelado casi tanto como la presencia a su lado de Carla Bruni, una mujer culta y progresista, que sin duda ha ejercido un influjo saludable en sus visiones de las cosas y del mundo. Nunca me han dolido prendas ni me duelen ahora. Y el presidente Zapatero puede estar y está muy orgulloso de las palabras y de los hechos con que el francés le distingue como amigo especial, al tiempo que reconforta observar cómo ambos personajes se tienen gran afecto y mutua admiración, repito que sin importar para nada las cercanías o las lejanías en el terreno ideológico. Personalmente, me sorprende sobremanera el trato y el comportamiento de Sarkozy hacia Zapatero, si se compara con lo que hace Rajoy.

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