Cayetano González – La puerta del recuerdo.


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Sólo la casualidad quiso que la inauguración del Monumento «La puerta del recuerdo», que la Universidad CEU-San Pablo ha instalado en su campus de Montepríncipe en homenaje a todas las víctimas del terrorismo, coincidiera en el tiempo con un hecho político muy relevante que nos afecta a todos y especialmente a las propias víctimas. Me refiero al cambio político que acaba de empezar en el País Vasco con la elección de un no nacionalista, del socialista Patxi López, como lehendakari.

Gran parte de las trescientas víctimas del terrorismo que asistieron a la inauguración de dicho Monumento el pasado miércoles han perdido a sus seres queridos en el País Vasco porque fueron asesinados por ETA. Ahí estaban Maite Pagazaurtundua, hermana de Joseba Pagazaurtundua; Ana Iribar, viuda de Gregorio Ordóñez; Mikel Buesa, hermano del dirigente socialista Fernando Buesa; Mapi Heras, viuda de Fernando Múgica; Pilar Elías, viuda de Ramón Baglietto; Cristina Cuesta, hija de Enrique Cuesta. Pero también se encontraban presentes muchas viudas e hijos de guardias civiles, policías nacionales o militares, cuyos maridos o padres fueron asesinados en el País Vasco en su mayor parte en aquellos «años de plomo», simplemente por vestir un determinado uniforme.

Como responsable del Observatorio Internacional de Víctimas del Terrorismo de la Fundación San Pablo CEU, organismo que ha promovido la instalación de dicho Monumento, me tocó dirigir unas palabras a todos los asistentes, en las que subrayé que con «La puerta del recuerdo» se pretendía, en primer lugar, rendir un merecido homenaje a todas las víctimas, pero también, intentar inculcar a los jóvenes universitarios una buena dosis de memoria y recuerdo hacia quienes han dado su vida por nuestra libertad. Que los jóvenes del presente y del futuro sean conscientes que la España que ellos pueden disfrutar actualmente y la que disfrutarán sus hijos ha sido posible gracias a que durante estos últimos cuarenta años, muchas personas han dado su vida, han sido asesinadas, por defendernos a todos.

Y aproveché también para hacer una petición al nuevo lehendakari: que cuide a las víctimas del terrorismo. Que repare y desagravie institucionalmente todo el desprecio y el olvido al que han estado sometidas por parte del nacionalismo gobernante en el País Vasco durante estos treinta últimos años. Que acabe con la impunidad con la que habitualmente se mueven en muchos pueblos y calles de Euskadi los que amparan y apoyan a los terroristas. Que nunca más, desde el Gobierno Vasco, se vuelva a establecer esa inmoral equidistancia entre víctimas y verdugos; entre asesinos y asesinados. Y el mejor desagravio y la mejor reparación que puede hacer el nuevo lehendakari a las víctimas es poner todos los medios de los que dispone el Gobierno Vasco para derrotar política, policial y socialmente a ETA y a todo lo que ETA representa. Estoy convencido que Patxi López no va a fallar en esa tarea, no puede fallar. Todos, y especialmente las víctimas, se merecen que no falle.

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