Charo Zarzalejos – Bajo el árbol de Guernika.


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Txistu y oboe. Nuevo diseño para el traje del dantzari. Ausencia de símbolos religiosos, hasta ahora siempre presentes. Poemas en lugar de discurso. Frialdad militante de todos los nacionalistas presentes. Afecto de autoridades nacionales. Ausencia total de banderas. Pinceladas del nuevo tiempo que inaugura el ya lehendakari Patxi López- Y ello bajo el árbol de Guernika, símbolo por excelencia para todos los vascos.

Así bajo el árbol de Guernika concluían los preceptivos actos para que Patxi López sea ya lehendakari de pleno derecho. Se acabaron los actos y los ritos y comienza ese nuevo tiempo que el lehendakari quiere que sea de encuentro y diálogo, como enfatizó durante el pleno de investidura sin que encontrara ni el más mínimo eco en las filas nacionalistas. Al contrario, desde las filas nacionalistas se militó en la frialdad, en la crítica desmesurada. Fue tan dura la posición del PNV que sólo ha servido para reafirmar el pacto PSE-PP. Si había alguna duda en alguno de los dos partidos, el PNV se encargó de disiparlas.

¿Será el tremendo discurso de Ibarretxe el santo y seña de la Oposición que va a llevar a cabo el PNV? Si así fuera, la mano tendida del lehendakari sólo agarrara el vacío.

Los retos de López son ingentes. No sólo se trata de gestionar con mayor o menor acierto la crisis económica y ni siquiera de obtener apoyo en el Parlamento a los proyectos de ley que presente el Gobierno. El PP le ha garantizado la estabilidad, pero la política es más y algo distinto a la mera, aunque sustancial, mayoría parlamentaria. En el caso del País Vasco, el lehendakari López tiene el reto de que ese nuevo tiempo logre modificar conductas y conceptos ante el terrorismo, instalar de manera definitiva que tanto el castellano como el euskera sean lenguas vehiculares y de lograr aquellos amplios acuerdos imposibles en etapas anteriores.

El reto de López no está en el Parlamento. Está en el día a día. Para ese día a día, el PP le va a dar un muy amplio margen de maniobra. «No somos gendarmes», dice Basagoiti, consciente de que es un Gobierno socialista liderado por un socialista.

La oposición no le va a dar ni siquiera el período de gracia de cien días; sin embargo, será en este tiempo en el que el nuevo Gobierno tiene que tomar decisiones que visualicen ese nuevo tiempo, más allá de los cambios vistos en Guernika. Si no lo hace, habrá perdido un tiempo irrecuperable y sus adversarios lo interpretarán como debilidad.

La expectación ante el nuevo Gobierno sólo es comparable a la que suscita el PNV en este nuevo tiempo. Es impensable que el PNV se instale en la radicalidad mostrada por Ibarretxe. Sería tanto como meterse en un pozo sin fondo. La marcha de Ibarretxe deja en la persona de Iñigo Urkullu el principal referente de un partido al que se le había olvidado lo que significa no estar en el Poder.

El pacto PSE-PP, más y mejor entendido en el País Vasco que en el resto de España, se va a poner a prueba. Hasta el momento, los nacionalistas han tratado de afear a los socialistas por su pacto con los populares. Dice López que ese es un discurso barato y fácil y Basagoiti ha afirmado que «nos vamos a llevar bien». La apuesta es de manera especial para los socialistas, pero a los populares también les va mucho en este nuevo tiempo, que debe quedar a salvo de la legítima confrontación entre Zapatero y Rajoy. Lo que hace apenas un año parecía imposible, hoy es una realidad. Ambos partidos, PSE y PP, tienen que aprender a convivir y a salvar las diferencias que con toda seguridad se va a producir. ¿Es posible mayor conjunción de novedades? No es aventurado ni cursi afirmar que ayer, bajo el árbol de Guernika, se oficializó un cambio histórico.

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