Carlos Carnicero – Cómo cambiar la economía en tres lecciones.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Cada vez es más evidente que la política, a través de los medios de comunicación instantáneos y apabullantes, se ha convertido en un instrumento de propaganda en el que no cuentan los resultados sino las apariencias. José Luis Rodríguez Zapatero y sus asesores son un ejemplo cotidiano. Aparecen las ocurrencias, se lanzan a bombo y platillo y después se busca la forma de tratar de acercarlas a la realidad. Y enseguida hay otro gancho que sustituye a la promesa que no se ha terminado de realizar. Ha ocurrido con la Ley de Dependencia, con la de la Memoria Histórica y ahora ocurre con el plan de renovación de la flota de vehículos que se ha puesto en marcha sin que los textos legales y los acuerdos comerciales se hayan concretado.

Para que esta imaginería sea posible sólo se necesita a Mariano Rajoy: mientras el presidente del PP se abrace al catastrofismo, José Luis Rodríguez Zapatero siempre tendrá unos metros de ventaja. Se ha podido comprobar en el último debate del Estado de la Nación en donde volvió a funcionar la chistera.

Pero ahora viene lo más difícil. En plena campaña electoral para las europeas, el presidente se compromete a convocar a los agentes sociales para cambiar el modelo económico español. Para entendernos, es como si los finlandeses hubieran pasado de cortar árboles al liderazgo en la tecnología de las telecomunicaciones en un fin de semana en que se reunieron el presidente del gobierno, el de los empresarios y los líderes sindicales.

La política de ocurrencias tiene un efecto demoledor a largo plazo cuando los ciudadanos pasan a comprobar que las promesas se agotan con su enunciado.

Obama está poniendo de moda el realismo; a los ciudadanos hay que decirles la verdad y contarles las dificultades para generar confianza y sobre esta construir sólidamente los proyectos. La alquimia está muy bien para los laboratorios. En política hay que cumplir.

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